🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Perros Verdes ⚡ Ácido Cítrico

A Serbian Film — El Snuff que se Creyó Obra de Arte (y se Quedó en Pesadilla de Instituto)

Srđan Spasojević firma un festín de depravación que oscila entre el shock gratuito y el comentario social. ¿Genialidad o basura pretenciosa? Claqueta Ácida lo disecciona.

✍️ Por: Camilo K.O.
🎬 Director: Srđan Spasojević
👥 Reparto: Srđan Todorović, Sergej Trifunović, Jelena Gavrilović, Slobodan Beštić, Katarina Žutić, Anđela Nenadović
⏱️ Lectura: 10 min
⚡ Ácido Cítrico 5.8/10
Crítica y fotograma de la película A Serbian Film en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película A Serbian Film

El cine serbio nunca había sido tan incómodo, ni tan necesario. A Serbian Film no es una película; es un experimento social envuelto en celuloide sudoroso, un grito desesperado contra la hipocresía de una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado mientras se pudre por dentro. Srđan Spasojević, un director que hasta entonces había trabajado en cortometrajes y publicidad, se lanzó a la piscina sin agua con esta ópera prima que prometía ser el El proyecto de la bruja de Blair del porno extremo, pero con un presupuesto que no llegaba ni para comprar los condones de una producción de Brazzers. La Serbia post-Milošević, sumida en una crisis económica y moral, era el escenario perfecto para esta pesadilla: un país donde el cine podía ser tan sucio como sus calles, tan violento como su historia reciente y tan desesperado como sus ciudadanos. Y vaya si lo logró, aunque quizá no de la manera que esperaba.

La gestación de A Serbian Film es casi tan turbia como su argumento. Spasojević y su coguionista, Aleksandar Radivojević, se inspiraron en la tradición del cinema verité y en el cine de explotación de los 70, pero con un giro posmoderno: querían que el espectador sintiera el mismo asco que siente la sociedad serbia ante su propia decadencia. El problema es que, en el camino, confundieron shock con subversión, y provocación con arte. La película se rodó en apenas 15 días, con un equipo que, según rumores, incluía a actores porno reales mezclados con profesionales del teatro serbio. El resultado es un collage de carne, sudor y lágrimas que parece filmado en el infierno, pero con la iluminación de un vídeo casero de los 90. Nemanja Jovanović, el director de fotografía, hizo milagros con un presupuesto que no daba ni para comprar rollos de película nuevos, pero ni siquiera él pudo salvar algunas secuencias que parecen grabadas con una cámara de vigilancia de un burdel barato.

El protagonista, Miloš, interpretado por Srđan Todorović, es un ex-actor porno en horas bajas que acepta un trabajo misterioso para sacar a su familia de la miseria. Lo que comienza como un simple rodaje se convierte en una espiral de violencia, pedofilia y snuff que deja al espectador más confundido que un turista en el metro de Belgrado. La premisa es tan ridícula que roza lo cómico, pero Spasojević se toma tan en serio su propia genialidad que el resultado es, irónicamente, hilarante. No en el buen sentido, claro. Es como ver a un niño de cinco años intentando explicar la teoría de la relatividad con dibujos de palitos: hay intención, hay esfuerzo, pero al final solo queda un garabato incomprensible. Y sangre. Mucha sangre.

El clima cultural en el que se estrenó A Serbian Film era el perfecto caldo de cultivo para una película así. Europa del Este, tras la caída del bloque soviético, se había convertido en un vertedero de cine de explotación barato, donde directores como Kristina Buožytė o György Pálfi intentaban hacer arte con las sobras de Hollywood. Spasojević, en cambio, optó por quemar el manual y rodar algo que nadie se atreviera a proyectar. Y vaya si lo consiguió. La película fue prohibida en varios países, censurada en otros y convertida en un objeto de culto para los amantes del cine transgresor, esos mismos que luego se quejan cuando Netflix les recomienda 365 Días. Pero aquí está el quid de la cuestión: A Serbian Film no es transgresora. Es oportunista. Y eso duele más que cualquier escena de violación o asesinato que pueda contener.


A Serbian Film still 1
A Serbian Film still 1

Dirección: El Rey Midas del Mal Gusto

Srđan Spasojević dirige como si tuviera prisa por escandalizar antes de que alguien le quite la cámara. Su estilo es caótico, visceral y, en ocasiones, brillantemente torpe, como un boxeador que lanza golpes al aire esperando que alguno conecte. Hay secuencias que parecen sacadas de un sueño febril, con una iluminación que oscila entre el neón sucio de un club de striptease y la oscuridad claustrofóbica de un sótano de torturas. El problema es que, en su afán por impactar, Spasojević olvida que el cine no es solo imagen, sino también ritmo, tensión y coherencia narrativa. La película avanza como un tren sin frenos, pero en lugar de dirigirse hacia un destino catártico, parece dar vueltas en círculos en un parque de atracciones abandonado.

El montaje es otro de los puntos débiles. Hay cortes abruptos que parecen errores de edición, y secuencias enteras que podrían haberse eliminado sin que nadie las echara de menos. Nemanja Jovanović, el director de fotografía, hace lo que puede con una paleta de colores que parece sacada de un cómic de Frank Miller en su peor día: tonos rojizos, negros profundos y azules eléctricos que, en teoría, deberían crear una atmósfera opresiva, pero que en la práctica solo consiguen que la película parezca un vídeo musical de Marilyn Manson dirigido por un aficionado. Hay momentos en los que la fotografía roza lo sublime, como en la secuencia del nacimiento, donde la luz se filtra de manera casi religiosa entre las piernas de la actriz. Pero luego llega una escena de violación con cámara lenta y música dramática, y todo el trabajo previo se va al garete.


A Serbian Film still 2
A Serbian Film still 2

Actuaciones: Carne Fresca en un Matadero de Cartón

El reparto de A Serbian Film es, en el mejor de los casos, competente, y en el peor, dolorosamente amateur. Srđan Todorović, en el papel de Miloš, es el único que logra transmitir algo parecido a humanidad. Su mirada de perro apaleado es el único salvavidas en este naufragio de depravación, y hay momentos en los que su actuación roza lo conmovedor. El problema es que el guion le obliga a pasar de ser un padre de familia desesperado a un monstruo sin remordimientos en cuestión de minutos, y ni siquiera él puede salvar ese salto lógico. Sergej Trifunović, en el papel del siniestro Vukmir, es el villano más ridículo desde Joker en la película de Todd Phillips: un tipo que parece sacado de un casting para un anuncio de colonia, pero con un discurso sobre el arte y la depravación que suena a parodia de Marquis de Sade escrita por un adolescente.

El resto del reparto se mueve en un espectro que va desde lo olvidable hasta lo traumático. Jelena Gavrilović, que interpreta a la esposa de Miloš, tiene una escena de sexo que parece sacada de un tutorial de YouTube, y Anđela Nenadović, la actriz que da vida a la hija del protagonista, es tan mala que hace que Dakota Fanning en Hounddog parezca Meryl Streep. Hay algo profundamente triste en ver a actores profesionales desperdiciando su talento en una película que confunde shock con profundidad, pero quizá ese sea el verdadero mensaje de A Serbian Film: en un mundo donde el arte se mide por cuánto escandaliza, hasta los mejores acaban vendiéndose al mejor postor.

Guion: El Manual de Instrucciones para Hacer una Película de Culto (y Fracasar)

El guion de Aleksandar Radivojević es un Frankenstein de ideas robadas de Pasolini, Lynch y Eli Roth, cosidas con hilos de pretensión y rematadas con un lazo de sangre falsa. La premisa es prometedora: un actor porno en decadencia acepta un trabajo misterioso que lo lleva a un infierno de violencia y depravación. Hasta ahí, todo bien. El problema es que, en lugar de desarrollar esa idea con coherencia o profundidad, Radivojević opta por lanzar escenas de shock gratuito como si fueran confeti en un desfile. Hay violaciones, asesinatos, pedofilia, necrofilia y hasta un nacimiento snuff, pero todo parece sacado de un catálogo de pesadillas adolescentes en lugar de una reflexión seria sobre la sociedad.

Lo más frustrante es que, bajo todo ese barro de depravación, hay destellos de algo interesante. La idea de que el porno y el snuff son dos caras de la misma moneda, la crítica al capitalismo que convierte el cuerpo en mercancía, o incluso la exploración de la culpa y la redención en un mundo sin esperanza, son temas que podrían haber dado lugar a una gran película. Pero Radivojević prefiere quedarse en la superficie, lanzando escenas de violencia extrema como si fueran caramelos en una fiesta infantil. El resultado es una película que no sabe lo que quiere ser: ¿Un thriller psicológico? ¿Un gore fest? ¿Una crítica social? Al final, A Serbian Film es como un perro con tres patas: se mueve, hace ruido, pero no llega a ninguna parte.

Lo mejor

  • La valentía de Spasojević: Por atreverse a rodar algo así en un país donde el cine más transgresor suele ser una comedia romántica con subtítulos en inglés. Hay que reconocerle el mérito de no haberse quedado en la zona de confort.
  • Srđan Todorović: El único que logra transmitir algo parecido a emoción en medio del caos. Su interpretación de Miloš es lo único que salva a la película de ser un montón de basura pretenciosa.
  • La secuencia del nacimiento: Un momento de fotografía casi poética en medio de tanto horror. Nemanja Jovanović demuestra que, con poco, se puede hacer mucho.
  • El debate que genera: A Serbian Film no deja indiferente a nadie, y eso, en un mundo donde el cine cada vez se parece más a un producto de supermercado, es algo que hay que valorar.

Lo peor

  • El guion de Radivojević: Un desastre incoherente que confunde shock con profundidad y provocación con arte. Parece escrito por alguien que ha visto demasiadas películas de Troma y demasiado pocas de Bergman.
  • La falta de ritmo: La película avanza como un cojo en una carrera de obstáculos, con secuencias que parecen interminables y otras que pasan tan rápido que te dejan con la sensación de haber perdido algo.
Las actuaciones secundarias: Un desfile de caras sin alma que parecen sacadas de un casting para extras de Hostel*. Ni siquiera el villano, Vukmir, logra ser memorable.
  • El mensaje confuso: ¿Es una crítica al capitalismo? ¿Al porno? ¿A la sociedad serbia? Al final, A Serbian Film no sabe lo que quiere decir, y eso es peor que no decir nada.
  • El exceso de pretensión: Spasojević se toma tan en serio su propia genialidad que el resultado es ridículo. Hay momentos en los que la película parece una parodia de sí misma.

El Veredicto de Claqueta Ácida

A Serbian Film es como un puñetazo en la garganta: duele, te deja sin aliento y, cuando te recuperas, te das cuenta de que no ha servido para nada. Srđan Spasojević tenía una oportunidad de oro para hacer una película transgresora, impactante y necesaria, pero en lugar de eso nos regaló un festín de depravación gratuita que oscila entre lo brillante y lo patético. Hay destellos de genialidad, momentos en los que la película parece estar a punto de despegar, pero al final siempre acaba estrellándose contra el muro de su propia pretensión. No es una obra maestra, ni siquiera una buena película, pero es imposible de olvidar. Y quizá ese sea su mayor pecado: que, a pesar de todo, sigue siendo más interesante que el 90% del cine que se hace hoy en día. Nota final: 5.8/10. Un KO técnico en el primer asalto. 💀

🎬 Tráiler Oficial

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Nota de Claqueta Ácida 5.8/10
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Análisis de la película A Serbian Film en Claqueta Ácida
⚡ Ácido Cítrico5.8
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