Alleluia — La pasión asesina e insana llevada a su extremo más carnal
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La crónica negra estadounidense siempre ha sentido fascinación por la truculenta historia de Raymond Fernandez y Martha Beck, conocidos a finales de los años 40 como “Los asesinos de corazones solitarios”. Tras adaptaciones clásicas como The Honeymoon Killers o la de Arturo Ripstein en Profundo carmesí, el belga Fabrice Du Welz retoma el mito en Alleluia para transformarlo en una danza de celos, carne trémula y asesinatos domésticos. El director huye de cualquier academicismo de época y traslada la acción a la Bélgica rural contemporánea, entregando la versión definitiva y salvaje de la leyenda negra de los asesinos de corazones solitarios.
El pacto de sangre de los desheredados de afecto
Gloria (una inmensa Lola Dueñas) es una madre soltera que trabaja en una morgue, arrastrando una existencia solitaria y gris. A través de una página de contactos en internet, conoce a Michel (Laurent Lucas), un hombre encantador y de labia fácil que resulta ser un estafador especializado en desplumar a mujeres solteras de mediana edad. Lejos de denunciarlo al descubrir el engaño, el vacío existencial de Gloria es tan abismal que decide unirse a él en su cruzada delictiva. Haciéndose pasar por su hermana, le acompaña en su itinerario de mentiras y timos, con la trágica condición de que Michel debe continuar seduciendo y acostándose con sus víctimas.
Lo que Michel no sospecha es el volcán de inestabilidad mental sobre el que camina. Lola Dueñas entrega una interpretación visceral e insana que quema la pantalla, dando vida a una mujer cuyos celos patológicos revientan cualquier atisbo de racionalidad al primer indicio de afecto real entre su amante y sus víctimas. En este ecosistema enfermizo, el amor romántico se deforma hasta convertirse en una patología homicida, un pacto de sumisión donde la sangre es el único pegamento que mantiene unida a la pareja.
La puesta en escena de Du Welz es claustrofóbica y carnal. Sustituyendo a su habitual Benoît Debie, el director de fotografía Manuel Dacosse filma las texturas de la piel y los rostros en primerísimos planos asfixiantes, retratando la sudoración, la respiración entrecortada y la brutalidad física con un granulado analógico texturado e hiriente. A su lado, Laurent Lucas compone a un timador patético pero magnético, un gigoló manipulador que poco a poco se descubre atrapado por la fiera incontrolable que él mismo ha despertado.
Alleluia funciona como un retrato descarnado de la sumisión emocional absoluta, dividida en capítulos bautizados con los nombres de las mujeres estafadas. A medida que avanzan los crímenes, el ritmo se vuelve cada vez más frenético, histérico e indómito, culminando en fogonazos de violencia repentina y de un sadismo asfixiante que no deja espacio al romance de postal. Es un torbellino de locura a dos voces que dinamita los cánones de la ‘love story’ tradicional, confirmando a Du Welz como uno de los analistas más lúcidos y brutales de las disfunciones afectivas del cine moderno.
Lo mejor
- El arrollador recital interpretativo de Lola Dueñas, que infunde terror y patetismo a partes iguales.
- La fotografía sucia, carnal y granulosa de Manuel Dacosse.
- La implacable progresión dramática, que pasa del romance tímido al delirio asesino más descarnado.
Lo peor
- La crudeza de los asesinatos domésticos puede alienar a quienes busquen un thriller convencional.
- Algunos personajes secundarios de las víctimas quedan dibujados con trazo excesivamente esquemático.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Alleluia es un orgasmo de sangre, locura y posesión enfermiza. Fabrice Du Welz lleva la dependencia emocional al límite absoluto, facturando una obra de arte transgresora que golpea las tripas y demuestra que el verdadero infierno son los celos ajenos. Una barbaridad interpretativa que nadie debería perderse. 🩸💀💔