Bad Haircut — El corte de pelo que nadie pidió y el cine que nadie merece
Kyle Misak nos regala un 'thriller' de barrio con más caspa que suspense y más clichés que pelo en un cepillo. Dr. Cinismo disecciona este desastre con bisturí de barbero.
Bad Haircut: El slasher de barbería que corta más que el pelo
El cine independiente estadounidense tiene una tradición gloriosa de desastres con pretensiones, y el terreno del slasher de bajo presupuesto es su patio de recreo favorito. Kyle Misak, un director que hasta ahora había navegado en las aguas tranquilas de los cortometrajes y algún que otro proyecto televisivo, decidió dar el salto al largometraje con Bad Haircut. El resultado es un batiburrillo de clichés del cine de terror, actuaciones desiguales y una fotografía que parece sacada de un tutorial de YouTube para principiantes. Pero, ¡eh!, al menos lo intenta. O eso queremos creer, porque si no, esto duele demasiado incluso para los estándares de Claqueta Ácida, donde el cinismo es moneda corriente y la paciencia, un lujo que ya no nos podemos permitir.
La premisa de Bad Haircut —porque, sí, hay una premisa, aunque cueste encontrarla entre tanto relleno— nos presenta a Billy, un universitario tímido que solo quería un maldito corte de pelo y termina atrapado en una pesadilla claustrofóbica cuando descubre que su nuevo barbero es un psicópata desquiciado. Misak, que también firma el guion, demuestra un amor desmedido por los diálogos que suenan a chiste malo de stand-up y una incapacidad alarmante para desarrollar personajes que no sean arquetipos de cartón piedra. No es que esperáramos un tratado existencialista al estilo de David Lynch, pero cuando los giros de guion parecen sacados de un casting de extras para una película de Rob Zombie, algo falla. Y falla a lo grande. El problema no es que Bad Haircut sea mala, sino que sus 109 minutos se vuelven, por momentos, aburridos. Tan aburridos que hasta los cameos de caras conocidas parecen estar luchando contra el sueño entre toma y toma.
El contexto industrial de esta película es tan revelador como deprimente. Throwback Pictures, la productora detrás de este proyecto, se ha lanzado de lleno al circuito de festivales de género con una propuesta que huele a bajo presupuesto con una intensidad que roza lo ofensivo. No es que el dinero lo sea todo en el cine —Dios sabe que algunas de las mejores películas de la historia se rodaron con cuatro duros y mucha imaginación—, pero cuando la falta de recursos se nota en cada plano, en cada transición torpe y en cada efecto de sonido que parece grabado con un micrófono de juguete, la experiencia se vuelve dolorosa. Misak intenta compensar la falta de medios con una estética gamberra y de comedia negra, pero lo único que logra es que la película parezca un mockbuster de The Asylum dirigido por un alumno de primer año de cine que acaba de descubrir el gore cómico.
Y luego está el tema del título. Bad Haircut. Un nombre que promete más de lo que entrega, como un menú de comida rápida con fotos que no se parecen en nada a lo que te sirven. ¿Es una metáfora? ¿O simplemente el resultado de una lluvia de ideas en la que alguien dijo: «Oye, ¿y si hacemos un slasher en una barbería y lo llamamos así?»? Lo cierto es que el título es de lo más interesante, porque al menos invita a la especulación. Lástima que Misak no se moleste en explorar las posibilidades claustrofóbicas de su propio escenario, regalándonos casi dos horas de personajes que entran y salen de la barbería sin dejar huella, diálogos que suenan a parodia de sí mismos y un ritmo que se desinfla por completo.
Dirección: El arte de tropezar con la misma piedra
Si hay algo que define el estilo de Kyle Misak en Bad Haircut es su capacidad para convertir una premisa divertida de serie B en algo tedioso. No es que no tenga ideas —las tiene, y muchas—, sino que parece incapaz de ejecutarlas sin que suenen a déjà vu de otras películas infinitamente mejores. La dirección es torpe, con un ritmo que oscila entre lo soporífero y lo frenético sin ton ni son, como si alguien hubiera mezclado los timings de un drama de Mike Leigh con los de una película de acción de Michael Bay y hubiera puesto el resultado en una licuadora. Los planos son funcionales, pero carecen de cualquier tipo de personalidad. Todo parece rodado con la urgencia de quien tiene prisa por terminar antes de que se acabe el café del set.El mayor pecado de Misak, sin embargo, es su incapacidad para generar tensión. Bad Haircut se vende como una comedia de terror y suspense, pero en ningún momento logra que el espectador sienta esa punzada de inquietud que define al género. Las escenas de violencia y persecución son tan torpes que parecen coreografiadas por alguien que solo ha visto cine de terror en fast forward. Los momentos de humor... bueno, digamos que si la comedia fuera un deporte olímpico, Bad Haircut no pasaría ni la fase de clasificación. Misak parece creer que poner a un maníaco gritando con tijeras y poner música dramática es suficiente para generar emoción, olvidando que el terror, incluso el de serie B, requiere un mínimo de sutileza. O, al menos, de coherencia.
Actores: Un reparto perdido en la barbería del horror
El elenco de Bad Haircut es un crisol de talentos desperdiciados y ganchos nostálgicos para el fan del cine de culto. El peso de la función recae en el joven reparto y en el desatado barbero psicópata, pero la producción utiliza nombres veteranos como reclamo publicitario. Jake Busey, un actor que suele brillar en papeles excéntricos y que aquí interpreta al agente de policía Officer Steve, se limita a cumplir el expediente con su carisma innato, aunque se nota a la legua que está en una película que no merece su talento. Es como ver a un actor de renombre atrapado en una producción de Syfy: sabes que podría estar haciendo algo interesante, pero el material no se lo permite.El resto del reparto no corre mejor suerte. Larry Hankin, un veterano con una carrera tan larga como respetable, parece perdido en un rol secundario que no tiene ni pies ni cabeza. Nora Freetly y Ellie Dobleske hacen lo que pueden con unos personajes que parecen sacados de un boceto rápido de guion, mientras que Martin Klebba queda reducido a una aparición anecdótica que no aporta absolutamente nada a la trama. El problema no es que los actores sean malos, sino que Misak les ha dado un material tan pobre y plano que es imposible que brillen. Es como pedirle a un chef con estrella Michelin que cocine con ingredientes de fast food: por mucho talento que tenga, el resultado final va a saber a cartón.
Apartado técnico: Cuando las tijeras no están afiladas
El aspecto técnico de Bad Haircut es un recordatorio doloroso de que el cine requiere oficio. Y cuando el oficio falla, el arte se resiente. La fotografía de Reid M. Petro es puramente funcional. Los planos dentro de la barbería son correctos, pero carecen de cualquier tipo de estilo o personalidad. No hay juego con las sombras, ni con los colores, ni siquiera un intento de crear una paleta visual opresiva que diferencie la película de las miles de producciones low-cost que inundan el mercado de vídeo bajo demanda.El guion, firmado por el propio Misak, es un festival de clichés. Los diálogos de los universitarios suenan falsos y forzados, y los giros argumentales son tan predecibles que podrías adivinar el destino de cada cliente en los primeros diez minutos. El montaje es otro de los puntos débiles de la película. Las transiciones entre escenas son torpes, los cuts parecen arbitrarios y el ritmo estira una premisa de cortometraje hasta rozar las dos horas de duración de forma totalmente innecesaria. Hay escenas que se alargan buscando un humor que nunca llega, mientras que los momentos cumbre de terror se cortan con prisa.
Lo mejor
- Premisa de serie B: La idea de una comedia de terror claustrofóbica dentro de una barbería psicópata siempre tiene potencial para los amantes del género.
- Caras conocidas: Ver a secundarios ilustres como Jake Busey o Larry Hankin aporta un mínimo de simpatía y nostalgia al metraje.
- Diseño de producción: Consigue salvar los muebles estéticos y se convierte en el único espacio con algo de personalidad en toda la película.
Lo peor
- Guion y duración: Estirar una idea de 20 minutos hasta los 109 minutos a base de diálogos insustanciales y tramas de relleno es un pecado imperdonable.
- Ritmo y tensión: Como slasher, no asusta; como comedia, no hace gracia. Se queda en tierra de nadie.
- Apartado técnico: Una fotografía plana y un montaje tosco que delatan una preocupante falta de medios mal gestionada.
- Desaprovechamiento del reparto: Tener a actores de carácter icónicos para relegarlos a papeles mínimos o planos es desperdiciar las mejores bazas de la producción.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Bad Haircut es el tipo de película que te hace cuestionar el estado actual del terror independiente de consumo rápido. No es un desastre épico y descacharrante como The Room, ni un engendro tan rematadamente malo que acaba siendo divertido como Birdemic. Es simplemente mediocre. Kyle Misak tenía una premisa gamberra para marcarse un festín de sangre y humor negro en un solo escenario, pero nos regala un slasher de barbería tan predecible como estirado. Los actores hacen lo que pueden, pero el material es tan pobre que ni el carisma de los veteranos logra salvar la función. Si buscas una comedia de terror que te mantenga al borde del asiento, pasa de largo. Bad Haircut es como un corte de pelo mal hecho: duele, es incómodo y, lo peor de todo, se hace larguísimo hasta que termina el suplicio. 💀💬 El Veredicto de la Comunidad
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