🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Estrenos ⚡ Ácido Cítrico

Bugonia — El Secuestro Cósmico

Dos jóvenes convencidos de que una directora ejecutiva es un alienígena la secuestran. ¿Salvarán la Tierra?

✍️ Por: Maximiliano Z.
🎬 Director: Yorgos Lánthimos
👥 Reparto: Emma Stone, Jesse Plemons, Aidan Delbis, Stavros Halkias, Alicia Silverstone, J. Carmen Galindez Barrera
⏱️ Lectura: 9 min
⚡ Ácido Cítrico 7.5/10
Crítica y fotograma de la película Bugonia en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Bugonia

Poor Things: El Frankenstein feminista que Hollywood necesitaba (o eso nos quieren hacer creer)

Yorgos Lánthimos, el director griego que convirtió el sadismo en un género cinematográfico con The Lobster y The Killing of a Sacred Deer, regresa con Poor Things, una fábula gótica feminista que parece diseñada en un laboratorio de marketing para ganar premios. Con Emma Stone al frente de un reparto que oscila entre lo excéntrico y lo directamente grotesco, la película es una mezcla de Mary Shelley con estética de Tim Burton pasado por un filtro de Instagram. ¿El resultado? Un espectáculo visual tan fascinante como irritante, tan audaz como pretencioso, y tan lleno de ideas como de agujeros narrativos. Pero ojo, que nadie se atreva a decirlo en voz alta: esto es cine importante, y si no te gusta, es porque no tienes sensibilidad.

La Bella y la Bestia (pero con un cerebro de bebé)

La trama de Poor Things es, en esencia, un Frankenstein pasado por el tamiz del surrealismo lánthimiano. Emma Stone interpreta a Bella Baxter, una mujer resucitada por el excéntrico científico Godwin Baxter (Willem Dafoe, en su enésima encarnación de monstruo con maquillaje de latex) tras un suicidio. Pero hay un detalle: Bella no solo vuelve a la vida, sino que lo hace con el cerebro de su propio feto, lo que la convierte en una adulta con la mentalidad de una niña. Sí, como lo oyes. Y no, no es una metáfora sutil.

Lo que sigue es un viaje de autodescubrimiento en el que Bella pasa de ser una criatura ingenua y sexualmente liberada (en el sentido más literal posible) a una mujer que cuestiona las estructuras de poder que la rodean. Lánthimos, fiel a su estilo, no pierde oportunidad para ridiculizar la hipocresía victoriana, la misoginia y el capitalismo, pero lo hace con un martillo neumático en lugar de un escalpelo. Cada escena parece gritar: "¡Miren lo transgresora que soy!", como si el simple hecho de mostrar a una mujer disfrutando del sexo sin culpa fuera suficiente para ganar el Oscar.

El problema es que, bajo esa capa de provocación, hay una película que no termina de decidirse entre ser una sátira feroz o un cuento de hadas perverso. Lánthimos oscila entre el humor negro más ácido (como cuando Bella descubre el placer en un burdel y lo celebra como si hubiera inventado el orgasmo) y momentos de una ternura forzada que parecen sacados de un episodio de Black Mirror dirigido por Wes Anderson. La película quiere ser todo a la vez: una crítica social, una comedia absurda, un drama existencial y un espectáculo visual. Y como todo lo que intenta abarcar demasiado, termina quedándose en tierra de nadie.

Emma Stone: De princesa Disney a criatura de laboratorio (y viceversa)

Si hay algo que salva a Poor Things del naufragio total, es la actuación de Emma Stone. La actriz, que ya demostró su versatilidad en La La Land y The Favourite (otra colaboración con Lánthimos), se lanza al vacío con una interpretación que es, a partes iguales, física y emocional. Stone no solo encarna la inocencia infantil de Bella, sino que también le da una curiosidad voraz y una sexualidad desinhibida que, en manos de otro director, habría caído en lo grotesco. Pero aquí funciona, en gran parte porque Stone logra que el público se identifique con una mujer que, literalmente, está descubriendo el mundo desde cero.

El resto del reparto, sin embargo, parece perdido en el limbo lánthimiano. Jesse Plemons, en el papel de Duncan Wedderburn, un abogado narcisista y controlador, hace lo que puede con un personaje que oscila entre lo patético y lo directamente odioso. Su química con Stone es interesante, pero la película no sabe muy bien qué hacer con él: ¿es un villano? ¿un antihéroe? ¿un chiste andante? Willem Dafoe, por su parte, está tan exagerado que parece sacado de una película de Troma, pero al menos se divierte con su papel de científico loco con cicatrices en la cara. El verdadero desperdicio es Alicia Silverstone, reducida a un cameo tan breve que uno se pregunta por qué se molestó en aparecer.

Estética de pesadilla: Cuando el diseño de producción se come el guión

Visualmente, Poor Things es una maravilla. La fotografía de Robbie Ryan, colaborador habitual de Andrea Arnold, está llena de colores saturados, encuadres simétricos y una paleta que recuerda a los cuentos de hadas oscuros de los hermanos Grimm. Lánthimos y Ryan no tienen miedo de jugar con la deformación de la imagen, usando lentes gran angular que distorsionan los rostros y crean una sensación de irrealidad constante. Los escenarios, que mezclan lo victoriano con lo steampunk, son tan detallados que uno podría pasarse horas analizando cada objeto en pantalla.

Pero aquí está el problema: la película es tan bonita que duele. Cada plano parece diseñado para ser colgado en un museo, no para servir a la historia. Lánthimos, obsesionado con la estética, a veces olvida que el cine no es solo una sucesión de imágenes bonitas, sino también una narrativa coherente. Hay momentos en los que Poor Things parece un catálogo de Pinterest en movimiento, con Bella posando en vestidos extravagantes mientras el mundo se desmorona a su alrededor. La belleza, en este caso, se convierte en un distractor, como si el director temiera que el público se aburriera si no le lanzaba un nuevo tableau vivant cada cinco minutos.

El montaje, por su parte, es tan fragmentado que a veces parece que estamos viendo un trailer extendido. Lánthimos salta de una escena a otra con una brusquedad que, en teoría, debería reflejar el caos mental de Bella, pero que en la práctica solo consigue marear al espectador. La banda sonora de Jerskin Fendrix, con sus cuerdas estridentes y sus coros operísticos, refuerza esa sensación de histeria controlada, como si la película estuviera constantemente a punto de desbordarse.

Feminismo para dummies: Cuando la subversión se convierte en cliché

El mayor pecado de Poor Things no es su estética recargada ni su narrativa dispersa, sino su pretensión de ser una película feminista revolucionaria. Lánthimos, como ya hizo en The Favourite, parece creer que basta con poner a una mujer en el centro de la historia y mostrarla desafiando las normas para que la película sea automáticamente importante. Pero el feminismo no es un accesorio, y la liberación de Bella, aunque visualmente impactante, termina sintiéndose superficial.

La película cae en el mismo error que muchas producciones que intentan ser woke: confunde la transgresión con la profundidad. Bella no es una mujer liberada, sino una niña en el cuerpo de una adulta, y su viaje no es tanto una crítica al patriarcado como una excusa para mostrar escenas de sexo explícito con un barniz de empoderamiento. Lánthimos parece creer que, si una mujer disfruta del sexo sin culpa, ya está haciendo una revolución. Pero el feminismo no se trata solo de placer, sino también de agencia, de lucha y de complejidad. Y Poor Things, en su afán por escandalizar, olvida que las mujeres son algo más que cuerpos en busca de satisfacción.

Además, la película tropieza con sus propios pies cuando intenta ser una crítica al capitalismo. La segunda mitad de Poor Things se centra en el viaje de Bella por el mundo, donde descubre la explotación laboral y la pobreza. Pero Lánthimos aborda estos temas con la sutileza de un elefante en una cacharrería, usando metáforas tan obvias que parecen sacadas de un panfleto universitario. ¿Que el capitalismo es malo? ¡Vaya novedad! ¿Que los ricos explotan a los pobres? ¡Dios mío, qué revelación!

Comparaciones odiosas (pero necesarias)

Si Poor Things tuviera que definirse en relación a otras películas, sería algo así como Frankenstein dirigido por Terry Gilliam, con un toque de Eyes Wide Shut y una pizca de Amélie. Pero mientras que Gilliam usa el surrealismo para explorar la condición humana, Lánthimos parece más interesado en impresionar a los académicos que en contar una historia con corazón.

También hay ecos de The Shape of Water (2017), otra fábula feminista con una protagonista femenina que desafía las convenciones. Pero mientras que Guillermo del Toro abrazaba el romanticismo y la melancolía, Lánthimos opta por el cinismo y la frialdad. Poor Things no quiere que la ames, quiere que la admires. Y ahí está el problema: el cine no se trata solo de admiración, sino también de emoción.

Lo mejor

  • Emma Stone se come la pantalla (y a todos los demás actores): Su interpretación de Bella es tan física, tan llena de matices, que uno olvida que está viendo a una actriz y no a una criatura recién salida de un laboratorio.
  • Un festín visual para masoquistas estéticos: La dirección de arte y la fotografía son tan deslumbrantes que, aunque la película te aburra, al menos tendrás algo bonito que mirar.

Lo peor

El feminismo como merchandising*: Lánthimos confunde provocación con profundidad, y el resultado es una película que cree estar diciendo algo revolucionario cuando en realidad repite lugares comunes.
  • Un guión que se ahoga en su propia pretensión: Cada escena parece diseñada para ganar premios, no para contar una historia coherente. El resultado es una película que se siente más como un ejercicio de estilo que como una obra con alma.

El Veredicto de Claqueta Ácida (7.5/10)

Poor Things es como un pastel de bodas: bonito por fuera, pero con un relleno que no termina de convencer. Yorgos Lánthimos nos entrega una película visualmente deslumbrante, con una Emma Stone en estado de gracia, pero también un guion pretencioso que confunde el cinismo con la inteligencia y la provocación con la profundidad. ¿Es cine importante? Sí, pero solo si por importante entendemos película que ganará premios y hará que los críticos se sientan muy listos al alabarla. ¿Es entretenida? A ratos. ¿Es memorable? Solo si tienes una tolerancia alta para lo grotesco y lo pedante. En definitiva: un 7.5 que sabe a 6.5, pero que Hollywood coronará como obra maestra. Porque, al fin y al cabo, el emperador siempre necesita un nuevo traje.

🎬 Tráiler Oficial

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