Capture — El Fiasco que Nadie Pidió (Ni Necesitaba)
Bruce Wemple nos regala 85 minutos de terror amateur con actores perdidos en un guion que huele a naftalina de los 90. Claqueta Ácida disecciona este cadáver fílmico.
El cine de terror independiente estadounidense tiene una tradición gloriosa: desde las pesadillas low-budget de George A. Romero hasta los ejercicios de estilo de Ti West, pasando por los delirios gore de Lloyd Kaufman. Pero, como en toda tradición, hay espacio para lo sublime y lo ridículo. Capture, el nuevo engendro de Bruce Wemple, se ubica con orgullo en la segunda categoría, como si alguien hubiera tomado un guion rechazado de Lifetime en los 90, lo hubiera rociado con sangre falsa de Halloween y lo hubiera filmado con un iPhone en modo night vision. No es cine, es un moodboard de lo que un adolescente de 16 años cree que es el terror psicológico después de ver tres episodios de American Horror Story y fumarse un porro de dudosa procedencia. En Claqueta Ácida nos preguntamos: ¿cómo es posible que en 2026, con todas las herramientas tecnológicas y narrativas a disposición, alguien pueda entregar un producto tan amateur que parece filmado en un taller de cine de secundaria? La respuesta, queridos lectores, es tan simple como deprimente: porque el cine, como la vida, está lleno de impostores que confunden falta de recursos con estilo y ineptitud con autenticidad. Y Bruce Wemple es el rey de los impostores del año.
Wemple no es un director desconocido en el circuito de festivales de terror de medio pelo. Su filmografía previa incluye joyas como The House That Screamed (2018) y Blood Harvest (2021), dos películas que, según las críticas de IMDb, oscilan entre el 1.5 y el 2.3 de nota. Es decir, cine que ni siquiera alcanza la categoría de so bad it’s good; es simplemente so bad it’s painful. Con Capture, Wemple parece haber decidido que su misión en la vida es demostrar que el terror no necesita guion, ni actores, ni siquiera una idea original. Basta con un grupo de jóvenes guapos (o al menos con caras que no asusten a los casting directors de Netflix), una casa abandonada y un asesino con una máscara que parece comprada en AliExpress por 9.99€. El resultado es una película que avanza como un zombie con artritis: lenta, predecible y con un timing cómico involuntario que haría llorar a Ed Wood de la envidia. Si esto es el futuro del terror independiente, que alguien nos dispare ya.
El problema de Capture no es solo que sea mala, sino que es aburridamente mala. No hay un solo momento en sus 85 minutos que sorprenda, que inquiete o que, al menos, divierta por su absurdo. Es como ver un episodio de CSI dirigido por un estudiante de cine que acaba de descubrir qué es un plano secuencia (spoiler: no sabe usarlo). Los actores, por su parte, parecen haber sido seleccionados en un casting de Tinder para roles dramáticos: sus interpretaciones oscilan entre el sobreactuado y el comatoso, como si alguien les hubiera dicho que el terror consiste en gritar mucho y mover los brazos como si estuvieran ahuyentando moscas. Kaitlyn Lunardi, la protagonista, es la única que parece haber leído el guion antes de llegar al set, pero ni siquiera su esfuerzo logra salvar una película que huele a naftalina y a desesperación creativa. El resto del reparto se limita a mirar a cámara con cara de ¿en serio tengo que decir esta línea?, como si supieran, en el fondo, que están participando en un crimen contra el cine.
Y luego está el guion, ese ente mitológico que en Capture brilla por su ausencia. La trama, si es que puede llamarse así, sigue a un grupo de jóvenes que deciden pasar un fin de semana en una casa abandonada (porque, claro, ¿qué mejor plan que ese?). Lo que comienza como un reality show de MTV en los 2000 deriva rápidamente en un slasher genérico donde el asesino, cuya identidad es tan obvia que hasta el espectador más despistado la adivinará en los primeros 15 minutos, se dedica a matar a los personajes uno por uno con la creatividad de un niño de cinco años jugando con sus action figures. No hay tensión, no hay misterio, ni siquiera hay gore decente: solo una sucesión de escenas predecibles que avanzan con la elegancia de un elefante en una cacharrería. Si Bruce Wemple quería homenajear el terror de los 80, lo ha conseguido: Capture es tan vintage que parece una película perdida de Uwe Boll, pero sin el encanto trash del alemán.
Dirección: El Arte de Hacerlo Todo Mal
Si hay algo que define el estilo de Bruce Wemple es su capacidad para convertir lo simple en complicado y lo aburrido en insoportable. En Capture, su dirección es tan inepta que parece un tutorial de lo que no debe hacerse en cine. Los planos son estáticos cuando deberían ser dinámicos, los close-ups llegan tarde (o nunca), y los planos secuencia que intenta parecen filmados por alguien que acaba de descubrir que su cámara tiene un stabilizer. Wemple parece obsesionado con la idea de que el terror se construye con silencios incómodos y miradas significativas, pero olvida que, para que un silencio funcione, primero hay que construir una atmósfera. Y en Capture, la atmósfera es tan densa como el aire en un ascensor con diez personas después de comer fabada.
El montaje es otro de los puntos débiles de la película. Las transiciones entre escenas son tan bruscas que parecen cortes de energía, y los jump scares (porque, claro, en una película de terror en 2026 no pueden faltar) son tan predecibles que el espectador puede adelantarse a ellos como si estuviera viendo un episodio de Scooby-Doo. Wemple parece creer que el terror consiste en gritar ¡BOO! cada cinco minutos, pero olvida que, para que un susto funcione, primero hay que crear tensión. Y la tensión en Capture es tan inexistente como un final feliz en una película de Lars von Trier. El resultado es una película que avanza como un zombie con resaca: lenta, torpe y con un timing que haría llorar a Buster Keaton.
Actuaciones: El Reparto que Parece Salido de un Casting de TikTok
El elenco de Capture es un who’s who de actores que, o bien están empezando en el mundo del cine, o bien deberían replantearse su carrera. Kaitlyn Lunardi es, con diferencia, la mejor del reparto, aunque eso no es decir mucho. Su interpretación oscila entre lo sobreactuado y lo desganado, como si estuviera interpretando a dos personajes distintos en la misma escena. El resto del reparto parece haber sido seleccionado en un casting de Tinder para roles dramáticos: sus interpretaciones son tan planas que parecen recortes de cartón piedra moviéndose por el escenario. Cedric Gegel, en el papel del chico malo con secretos, tiene la expresividad de un maniquí de Zara, y Chris Cimperman, el gracioso del grupo, parece estar en un sketch de Saturday Night Live en lugar de en una película de terror.
Pero el premio al peor actor de la película se lo lleva, sin duda, Grant Schumacher, cuyo personaje es tan genérico que ni siquiera tiene nombre (en los créditos aparece como Guy #2). Schumacher interpreta su papel con la intensidad de alguien que acaba de despertarse de una siesta y no recuerda dónde está. Sus diálogos son tan forzados que parecen sacados de un manual de autoayuda para adolescentes, y su química con el resto del reparto es tan inexistente como la trama de la película. Si Capture es el futuro del terror independiente, que alguien nos dispare ya.
Apartado Técnico: Donde el Low-Budget se Convierte en No-Budget
El aspecto técnico de Capture es un desastre en todos los sentidos. La fotografía, a cargo de un desconocido (porque, seamos honestos, nadie en su sano juicio querría firmar esto), es tan plana que parece filmada con un iPhone 4. Los colores son desaturados hasta el punto de que la película parece un documental en blanco y negro sobre la depresión, y la iluminación es tan pobre que en algunas escenas los actores parecen fantasmas que acaban de escapar de una película de Ed Wood. El diseño de producción, por su parte, es tan genérico que la casa abandonada donde transcurre la acción podría ser cualquier casa abandonada de cualquier película de terror de los últimos 30 años. No hay detalles, no hay personalidad, solo cuatro paredes y un asesino con una máscara que parece comprada en AliExpress.
La banda sonora es otro de los puntos débiles de la película. Compuesta por lo que parece ser el hijo pequeño de John Carpenter en su primer día de clase de GarageBand, la música es tan genérica que podría usarse en cualquier otra película de terror sin que nadie notara la diferencia. Los temas son repetitivos, los sustos suenan como si alguien hubiera golpeado una cacerola con una cuchara de madera, y el clímax musical es tan predecible que el espectador puede adelantarse a él como si estuviera viendo un episodio de Los Simpson. En resumen: si el aspecto técnico de Capture es el futuro del cine independiente, que alguien nos dispare ya.
Lo mejor
- La duración: Solo 85 minutos, lo que la convierte en una de las películas de terror más cortas de la historia. Un logro, considerando que cada segundo parece una eternidad.
- Kaitlyn Lunardi: La única que parece haber leído el guion antes de llegar al set, aunque eso no salva su interpretación de parecer una alumna de teatro comunitario.
Lo peor
El guion: Tan predecible que hasta el asesino parece aburrido. Un collage de clichés de los 90 que huele a naftalina y a desesperación creativa*. La dirección de Bruce Wemple: Un tutorial de lo que no debe hacerse en cine. Planos estáticos, montaje torpe y jump scares que parecen sacados de un manual para principiantes*. Las actuaciones: El reparto parece salido de un casting de TikTok para roles dramáticos*. Sobreactuados, desganados y con la química de un grupo de desconocidos en un ascensor. La fotografía: Tan plana que parece filmada con un iPhone 4. Colores desaturados, iluminación pobre y un diseño de producción que huele a reciclaje de ideas ajenas*. La banda sonora: Compuesta por alguien que parece haber descubierto GarageBand ayer. Repetitiva, genérica y con sustos que suenan como cacerolas golpeadas*. La falta de originalidad: Ni un solo momento que sorprenda, inquiete o, al menos, divierta. Un zombie* con artritis avanzaría más rápido que esta película.El Veredicto de Claqueta Ácida
Capture no es una película, es un crimen contra el cine. Un engendro de Bruce Wemple que demuestra que, en 2026, el terror independiente sigue anclado en los peores vicios de los 90: guiones predecibles, actuaciones de cartón piedra y una dirección que parece un tutorial de YouTube para principiantes. No hay tensión, no hay misterio, ni siquiera hay gore decente. Solo 85 minutos de tu vida que no recuperarás, como un viaje en autobús con un conductor que se ha quedado dormido al volante. Si esto es el futuro del terror, que alguien nos dispare ya. Nota: 3.8/10. 💀
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