🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Perros Verdes ⚠️ Ácido Sulfúrico

Humano — La eutanasia familiar que nos deja más muertos que el clima

Caitlin Cronenberg firma esta cena de pesadilla donde el canibalismo emocional supera al ecológico. ¿Eutanasia o estafa? Claqueta Ácida disecciona el cadáver.

✍️ Por: Dante Sangre
🎬 Director: Caitlin Cronenberg
👥 Reparto: Jay Baruchel, Emily Hampshire, Sebastian Chacon, Alanna Bale, Sirena Gulamgaus, Uni Park
⏱️ Lectura: 9 min
⚠️ Ácido Sulfúrico 4/10
Crítica y fotograma de la película Humano en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Humano

El celuloide se enciende con el olor a podrido de las buenas intenciones mal ejecutadas. Humano (o Humane, que suena igual de pretencioso en ambos idiomas) llega como un vómito de consciencia ecológica disfrazado de thriller familiar, firmado por Caitlin Cronenberg, hija del maestro del body horror David Cronenberg. Sí, ese apellido pesa como una losa de carne podrida sobre los hombros de cualquiera que ose acercarse al cine con aspiraciones artísticas. Pero aquí, queridos lectores, la genética no salva. La película es un recordatorio cruel de que el talento no se hereda, se sufre, y a veces, como en este caso, se malgasta en un guion que huele más a panfleto universitario que a carne fresca de la buena, la que sangra en pantalla con cada plano mal concebido.

Estamos en 2024, un año en el que el colapso climático ya no es una amenaza lejana, sino un reality show en directo, con sus propias estrellas, villanos y, cómo no, su cuota de oportunistas dispuestos a monetizar el fin del mundo. Michael Sparaga, el guionista, parece haber tomado nota de todas las charlas TED sobre sostenibilidad y las ha condensado en un libreto que oscila entre el drama familiar de manual y el thriller distópico de saldo. El resultado es una cena de Nochebuena donde el pavo está más quemado que las esperanzas de la humanidad, y los comensales, en lugar de discutir por política, discuten por quién se apunta primero al programa de eutanasia gubernamental. Porque, claro, en este futuro cercano (que huele sospechosamente a presente), el gobierno ha decidido que la solución al cambio climático es eliminar al 20% de la población. ¿Suena a Soylent Green? Sí. ¿Suena a Black Mirror? También. ¿Suena a algo que no hayamos visto ya mil veces? Por supuesto. Pero aquí está la gracia (o la tragedia): Humano no tiene la decencia de ser original ni la inteligencia de ser entretenida.

La elección de Caitlin Cronenberg como directora no es casual, pero sí cruel. La hija del rey del body horror heredó el apellido, pero no la capacidad de transformar el dolor en arte. Donde su padre destripaba la carne humana con precisión quirúrgica, ella se limita a rasguñar la superficie con la torpeza de quien confunde el gore con el drama. Humano es una película que quiere ser incómoda, pero solo logra ser aburrida. Quiere ser provocadora, pero se queda en lo obvio. Quiere ser una reflexión sobre la humanidad, pero acaba siendo un manual de instrucciones para una distopía de pacotilla. Y lo peor de todo: quiere que nos importen sus personajes, pero estos son tan planos como el cartón de los decorados de una película de bajo presupuesto.

El contexto industrial de esta película es tan predecible como su trama. Producida por Victory Man y Elevation Pictures, dos productoras que huelen a dinero fácil y a proyectos seguros, Humano es el tipo de película que se estrena en festivales de medio pelo para luego desaparecer en el olvido, como un cadáver en una fosa común. No es cine de culto, ni siquiera cine malo memorable. Es cine meh, de ese que se olvida antes de que termine los créditos. Y sin embargo, aquí está, ocupando espacio en nuestras retinas y en nuestra paciencia, como un recordatorio de que el apocalipsis no siempre llega con fanfarrias y efectos especiales. A veces llega con un suspiro, un bostezo y la certeza de que has desperdiciado 93 minutos de tu vida en algo que ni siquiera merece ser llamado basura.

Dirección: El pulso de un cirujano con parkinson

Si Caitlin Cronenberg heredó algo de su padre, es la obsesión por el cuerpo humano como campo de batalla. Pero donde David Cronenberg convertía la carne en un lienzo de pesadilla, su hija parece conformarse con rascar la superficie. Humano es una película que quiere ser visceral, pero solo logra ser superficial. Los planos son funcionales, casi televisivos, como si la directora hubiera grabado todo con un iPhone y luego lo hubiera pasado por un filtro de thriller indie. No hay tensión en el encuadre, no hay ritmo en el montaje, no hay esa sensación de que algo está a punto de romperse. Solo hay una familia sentada a una mesa, discutiendo sobre la eutanasia como si fuera el menú del día.

El problema no es la falta de presupuesto (aunque se note), sino la falta de ideas. Cronenberg parece más interesada en seguir las reglas del género que en subvertirlas. Cada giro argumental es tan predecible como el siguiente chiste de un monologuista de medio pelo. Cada escena de tensión está tan calculada que parece sacada de un manual de guion. Y cada intento de shock visual (que los hay, y son tan torpes como innecesarios) cae en saco roto porque carecen de la fuerza necesaria para impactar. No es cine de terror, ni siquiera cine de suspense. Es cine de manual, de ese que se estudia en las escuelas de cine para aprender qué no hacer.

Actores: Un reparto perdido en el limbo de la mediocridad

El elenco de Humano es como un grupo de actores que se han colado en el set equivocado. Jay Baruchel, ese eterno secundario de Hollywood con cara de no haber roto un plato, interpreta al padre de familia, un tipo que decide apuntarse al programa de eutanasia como quien se apunta a un gimnasio: con entusiasmo y luego con arrepentimiento. Su actuación oscila entre lo plano y lo patético, como si estuviera interpretando a un personaje de The Office en lugar de a un hombre dispuesto a morir por el planeta. Emily Hampshire, por su parte, es la única que parece entender que está en una película de terror. Su mirada de pánico existencial es lo único que salva algunas escenas de la autodestrucción total, aunque ni siquiera ella puede evitar que el guion la arrastre al abismo de la mediocridad.

El resto del reparto es un festival de caras conocidas (para los fans del cine canadiense de bajo presupuesto) que intentan dar vida a personajes tan profundos como un charco. Sebastian Chacon y Alanna Bale hacen lo que pueden con diálogos que suenan a chiste malo, mientras que Sirena Gulamgaus y Uni Park parecen perdidos en un laberinto de clichés. Todos ellos actúan como si estuvieran en una película diferente, una donde los personajes tienen motivaciones, arcos narrativos y, sobre todo, algo que decir. Pero no. Aquí solo hay frases hechas, discursos ecológicos y la sensación constante de que alguien debería haberles dicho que esto no era The Bear, sino The Bore.

Apartado técnico: La estética del desastre controlado

La fotografía de Douglas Koch es tan funcional como el guion. No hay belleza en los planos, ni siquiera fealdad interesante. Solo hay luz, sombra y la sensación de que alguien ha encendido una cámara y ha dicho: «Grabemos esto, a ver qué sale». Los interiores de la casa familiar son tan genéricos que podrían ser el escenario de cualquier película de terror de bajo presupuesto, y los exteriores (cuando los hay) parecen sacados de un documental sobre el cambio climático. No hay estilo, no hay personalidad, solo el vacío de una película que no sabe qué quiere ser.

El diseño de producción es igual de olvidable. Los decorados son tan planos como los personajes, y el vestuario parece sacado de un catálogo de H&M de 2015. No hay detalles que llamen la atención, ni elementos que ayuden a construir el mundo distópico que la película intenta vender. Es como si el equipo de producción hubiera decidido que, ya que el guion era malo, al menos los decorados no iban a distraer. Misión cumplida.

La banda sonora, por su parte, es tan predecible como el resto de la película. Música de suspense cuando hay que generar tensión, silencio incómodo cuando hay que hacer sentir el peso de la decisión familiar, y algún que otro tema ambiental para recordarnos que, oh sorpresa, el mundo se está acabando. No hay originalidad, no hay riesgo, solo el sonido de una película que se arrastra hacia su inevitable final.

Lo mejor

  • La premisa: Aunque sea un refrito de ideas ya vistas, el concepto de una familia discutiendo sobre la eutanasia como solución al cambio climático tiene su punto de morbosidad. Es como ver un accidente de tráfico: sabes que no deberías mirar, pero no puedes evitarlo.
  • Emily Hampshire: La única que parece entender que está en una película de terror. Su actuación es lo único que salva algunas escenas de la autodestrucción total.
  • El intento de provocación: Aunque la película fracasa en su intento de ser incómoda, al menos hay que reconocer que lo intenta. No es poco en un cine cada vez más domesticado.

Lo peor

  • El guion: Un batiburrillo de clichés, discursos ecológicos mal digeridos y diálogos que suenan a chiste malo. Michael Sparaga debería replantearse su carrera.
  • La dirección: Caitlin Cronenberg parece más interesada en seguir las reglas del género que en subvertirlas. El resultado es una película tan predecible como aburrida.
  • Los personajes: Tan planos como el cartón de los decorados. No hay arcos narrativos, no hay motivaciones, solo marionetas movidas por un guion torpe.
  • El ritmo: 93 minutos que se sienten como 93 horas. Cada escena se arrastra como si estuviera escrita en cámara lenta.
La falta de originalidad: Si has visto Black Mirror o Soylent Green*, ya has visto Humano. No aporta nada nuevo al género.

El Veredicto de Claqueta Ácida

Humano es esa película que llega a tu vida como un invitado no deseado a una cena: promete ser interesante, pero acaba siendo un incordio. Caitlin Cronenberg tenía la oportunidad de heredar el legado de su padre y hacer algo memorable, pero en lugar de eso nos ha regalado un manual de instrucciones para una distopía de pacotilla. El guion es torpe, los personajes son planos, la dirección es predecible y el mensaje ecológico suena a sermón de domingo por la mañana. No es cine malo, es cine olvidable, de ese que se esfuma de tu memoria antes de que terminen los créditos. Si el fin del mundo llega así de aburrido, quizá la eutanasia no sea tan mala idea después de todo. Pero por favor, no malgastes tu tiempo en esto. El verdadero crimen climático es esta película. 💀

🎬 Tráiler Oficial

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