It Follows — La maldición de transmisión sexual más elegante y lenta del cine
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En 2014, un director de Michigan llamado David Robert Mitchell decidió revivir los tropos del cine de terror de los años 80 sin caer en la nostalgia barata de mercadotecnia. It Follows fue un terremoto absoluto para la cinefilia mundial: una película bellísima, melancólica, estilizada e inquietante que devolvió al género la elegancia de los planos abiertos de John Carpenter combinándolos con una metáfora existencial arrolladora.
La premisa de partida es de una genialidad cómica y aterradora a partes iguales: Jay (una Maika Monroe imperial) es una joven de diecinueve años que mantiene relaciones sexuales en la parte trasera de un coche con su novio Hugh. Tras el acto, él la cloroforma y la ata a una silla en un edificio abandonado solo para confesarle una terrible verdad: le ha transmitido una maldición. A partir de ahora, un ser invisible para los demás comenzará a caminar hacia ella a paso constante, lento pero ininterrumpido. El ser puede adoptar la forma de cualquier persona conocida o de un extraño. Si la alcanza, la matará brutalmente. ¿La única forma de deshacerse de él? Mantener relaciones sexuales con otra persona para pasarle la cadena, aunque si esa persona muere, el ser volverá a perseguir al portador anterior.
Paranoia en 360 grados y la desolación de Detroit
Lo que hace de It Follows una obra cumbre de nuestra sección de “perros verdes” es su soberbio planteamiento visual y espacial. Mitchell y su director de fotografía, Mike Gioulakis, utilizan lentes panorámicas de ángulo ancho y planos panorámicos lentos que giran 360 grados sobre su propio eje. Como espectador, te ves abocado a una paranoia enfermiza, escudriñando desesperadamente el fondo de cada encuadre buscando figuras distantes que caminan hacia la cámara.
Los desérticos e industriales suburbios de Detroit actúan como el escenario crepuscular idóneo. No hay adultos reales que protejan a los protagonistas; los padres son ausencias borrosas, dejando a este grupo de jóvenes atrapados en una eterna tarde otoñal sin futuro. La espectacular y atmosférica banda sonora de sintetizadores de Disasterpeace corona la experiencia, fundiéndose con la parsimonia de la muerte que avanza a pie limpio.
Lo mejor
- La puesta en escena y composición de encuadres: Cada plano es una obra de arte simétrica que te obliga a jugar de forma activa a detectar al monstruo.
- La banda sonora de Disasterpeace: Sus sintetizadores analógicos chirriantes y envolventes actualizan el sonido clásico de Carpenter a un nivel industrial colosal.
- La desolada melancolía juvenil: Captar a la perfección el aburrimiento, el despertar sexual y el miedo al envejecimiento de la adolescencia suburbana.
Lo peor
- Cierta inconsistencia en las reglas del monstruo: El clímax final en la piscina pública presenta mecánicas (como el monstruo arrojando electrodomésticos) que chocan con la naturaleza etérea e inexorable de sus caminatas previas.
- Exceso de ambigüedad temporal: La mezcla deliberada de coches clásicos con pequeños dispositivos de lectura con forma de concha de mar puede descolocar a los buscadores de coherencia lógica.
El Veredicto de Claqueta Ácida
It Follows es una joya incontestable del terror de autor del siglo XXI. David Robert Mitchell demuestra que no hacen falta sustos repentinos (jump scares) tramposos ni monstruos digitales CGI hiperactivos para erizar la piel, bastándole una figura lenta que camina al fondo de una calle solitaria. Un clásico absoluto de la cinefilia incómoda de “perros verdes” que te hará girar la cabeza y mirar atrás en cada paseo solitario nocturno.