Leatherface — Carretera, fango y psicopatía tejana sin anestesia digital
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En Claqueta Ácida hemos sobrevivido a infinidad de precuelas inútiles destinadas a explicar el origen del mal mediante aburridos traumas psicológicos infantiles de manual de autoayuda. Por eso, cuando nos enteramos de que la franquicia de la motosierra tejana caía en manos de los directores más despiadados del Nuevo Extremismo Francés (Bustillo y Maury, con la bendición espiritual de su camarilla industrial), cruzamos los dedos para que no hicieran prisioneros. El resultado final de Leatherface (2017) es una película incómoda y áspera: una ‘road movie’ sanguinaria y polvorienta que prefiere jugar al despiste con la identidad del asesino antes que darnos la típica y predecible estructura de slasher comercial.
La trama nos traslada a la Texas de los años 50 y 60. Tras el asesinato de la hija del sheriff local a manos del clan Sawyer, el implacable agente de la ley Hal Hartman (un Stephen Dorff sediento de venganza bíblica) decide arrebatar a los Sawyer a su hijo menor, Jedidiah, encerrándolo en un sanatorio mental de máxima seguridad bajo un nombre falso. Años más tarde, durante un motín sangriento en el psiquiátrico, cuatro internos peligrosos escapan secuestrando a una joven enfermera (Vanessa Grasse). El grupo huye en una odisea de delincuencia rural y depravación física por las carreteras tejanas, mientras el sheriff les caza como animales y el espectador juega a adivinar cuál de los tres jóvenes inadaptados acabará poniéndose la máscara de piel humana y empuñando la motosierra.
Sudor, necrofilia y subversión del slasher clásico
Lo que funciona a las mil maravillas en Leatherface es su ambientación sucia y texturizada. Bustillo y Maury huyen del brillo digital de Hollywood para sumergirnos en una atmósfera de sudor rancio, óxido y moscas zumbando sobre cadáveres al sol. La violencia de la película es física, tosca e incómoda: hay peleas de bar brutales, disparos directos a la mandíbula y una infame escena de necrofilia en una caravana abandonada que demuestra que los directores franceses no se dejaron censurar en su salto al cine norteamericano.
La gran genialidad del libreto es su estructura de falso misterio. Al ocultar la identidad del futuro asesino tras tres muchachos de físicos y personalidades contrapuestas, la película se desvía de los raíles habituales de la precuela comercial. En lugar de justificar al monstruo, la película se convierte en una tragedia de carretera sobre cómo un entorno hostil, una madre psicópata y un sistema penitenciario y policial sádico acaban moldeando, a base de golpes físicos y traumas morales, al asesino definitivo de Texas.
Lo mejor
- La audaz subversión del mito: Mantener al espectador especulando sobre la identidad del asesino dota a la primera mitad de una intriga muy superior al slasher habitual.
- La fotografía de Antoine Sanier: Consigue plasmar una Texas calurosa, polvorienta y opresiva rodando paradójicamente en los campos y bosques secos de Bulgaria.
- Lili Taylor como Verna Sawyer: Compone una matriarca rural magistral, a medio camino entre la fragilidad materna y la locura carnívora más pura.
Lo peor
- El tercer acto apresurado: En cuanto se desvela el misterio, la película se ve obligada a acelerar la transformación física del asesino para encajar con el canon clásico, perdiendo algo de sutileza.
- Personajes secundarios caricaturescos: El sheriff Hartman roza el cliché de villano obsesivo de tebeo en algunas secuencias de tiroteos y torturas.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Leatherface (2017) es una de las precuelas más interesantes, brutales e incomprendidas del cine de terror moderno. Bustillo y Maury demostraron una personalidad de hierro al negarse a rodar una simple copia de la obra maestra de Tobe Hooper, regalándonos en su lugar una odisea rural mugrienta que huele a neumático quemado, fango y psicopatía familiar. Una obra imprescindible para nuestra sección de “perros verdes” que te convencerá de que, en las carreteras secundarias de Texas, el único mapa útil es el que se escribe con sangre y gasolina. 💀