Midsommar — Terapia de pareja sueca a plena luz del día
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Ari Aster, ese adorable muchacho obsesionado con que las tragedias familiares se curan mejor si desmembramos a alguien en una cabaña o nos vamos de vacaciones al norte de Europa, nos regaló en 2019 su obra magna sobre la salud mental y la terapia de pareja disfuncional: Midsommar.
La película, distribuida por esa factoría de hipsters cinéfilos llamada A24, se atreve con el mayor sacrilegio del cine de terror moderno: rodar casi el 100% de las escenas a plena luz del día. Olvidaos de los pasillos oscuros, los sótanos húmedos y las linternas sin pilas. Aquí el verdadero horror se esconde bajo un sol implacable que satura las pantallas, cielos azules idílicos y suecos altos vestidos de lino blanco inmaculado que parecen salidos de un catálogo de muebles de diseño escandinavo.
Una ruptura sentimental con antorchas y sacrificios
En su núcleo, Midsommar no es una película sobre una secta asesina pagana; es una comedia romántica de ruptura extremadamente disfuncional. Seguimos a Dani (una Florence Pugh imperial que se pasa el metraje llorando de una forma tan realista que te dan ganas de enviarle un bizum de apoyo emocional) y a su novio Christian (un Jack Reynor que encarna al prototipo de novio tóxico pasivo-agresivo que se olvida de tu cumpleaños y te acompaña de viaje solo por compromiso).
Junto a un grupo de amigos universitarios antropólogos diseñados específicamente para ser carne de cañón (destacando a un Will Poulter que sirve de alivio cómico antes de convertirse en decoración rural), viajan a Hårga, una remota comuna sueca, para presenciar las festividades del solsticio de verano que ocurren una vez cada noventa años. Lo que empieza como un viaje de mochileros para consumir setas alucinógenas y documentar rituales curiosos, pronto se convierte en una pesadilla de gerontocidio de alta fidelidad, bebidas con vello púbico y sacrificios ceremoniales.
Lo mejor
- La interpretación de Florence Pugh: Su viaje psicológico desde la ansiedad paralizante debido a una tragedia familiar indescriptible hasta la liberación total como “Reina de Mayo” es hipnótico.
- La dirección de fotografía de Pawel Pogorzelski: El uso del color, los cielos sobreexpuestos y las sutiles deformaciones ópticas provocadas por las drogas generan un malestar constante que te succiona el cerebro.
- La sátira social: El retrato implacable de la indiferencia académica y la falta de empatía masculina en las relaciones afectivas.
Lo peor
- El ritmo letárgico: Si buscas un slasher de ritmo frenético tipo Scream, los paseos lentos por la pradera y los cánticos rúnicos de dos horas y media te van a inducir un coma inducido.
- La excesiva previsibilidad de los tropos folk-horror: Quien haya visto The Wicker Man sabrá perfectamente qué va a pasar con los turistas desde el minuto diez.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Midsommar es una brillante y retorcida obra de arte que funciona mejor como disección de la codependencia que como película de sustos tradicionales. Aster demuestra que la luz del sol puede ser infinitamente más perturbadora que la oscuridad cuando lo que ilumina es a un tipo metido en la piel de un oso de peluche gigante ardiendo dentro de un templo amarillo brillante. Un clásico instantáneo del cine de “perros verdes” que te hará mirar las coronas de flores con absoluto recelo en tu próxima boda rústica.