PUFA 2026 — FIN 'Bad Haircut' gana el festival
La película 'Bad Haircut' se corona como la Mejor Película en la tercera edición del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Valladolid, mientras el jurado y la crítica mantienen opiniones encontradas sobre la calidad de la cinta.
PUFA 2026: 'Bad Haircut' gana el festival y su peluquero nos regala un viaje express a Núremberg (El palmarés definitivo o cómo aprender a amar el despropósito)
A ver, queridos lectores, seamos francos: nadie nos ha expulsado de Valladolid a patadas, aunque, dada la calidad de algunas proyecciones, no habría faltado motivo. Nos fuimos por voluntad propia, como esos invitados que abandonan una fiesta cuando el anfitrión saca el álbum de fotos de su viaje a Benidorm en 1998. El olor a ambientador de coche barato y cerveza rebajada nos avisó de que el fin de semana prometía, y nuestro cuerpo, sabio como pocos, decidió que la pista de baile (o, en este caso, el after del festival) era un lugar más digno que seguir sufriendo la Sección Oficial. Pero aquí estamos, con el orgullo periodístico intacto —o lo que queda de él tras ocho días de cine fantástico y terror de dudosa procedencia— y un café recalentado que sabe a gloria y a desesperación a partes iguales. Porque, seamos honestos, cerrar un festival como Dios manda (o como el diablo exige) requiere algo más que un teclado y mala leche: requiere un acto de fe en que, en algún lugar de este universo, existe un cine de género que no parezca rodado con un Nokia 3310 y la imaginación de un adolescente con síndrome de abstinencia de Fortnite.
Pasad el café, que vienen curvas, tijeretazos y un peluquero con complejo de Führer.
El gran cisma: 'Bad Haircut' se corona y el jurado nos regala una masterclass en autocomplacencia
Hay momentos en la vida de un festival en los que el cine logra lo imposible: unir a la humanidad en un abrazo colectivo de emoción, terror o risa. Y luego está el PUFA 2026, donde el cine ha conseguido algo aún más extraordinario: crear un abismo insalvable entre el jurado y la crítica, un cisma que amenaza con dividir el mundo en dos bandos irreconciliables: los que aplauden 'Bad Haircut' y los que, como nosotros, necesitamos terapia tras verla. El jurado oficial —compuesto por Vanesa Bocanegra, José Cabrera Betancort y la actriz Veki Velilla— ha decidido, en un alarde de valentía (o de masoquismo, aún no lo tenemos claro), que la película de Kyle Misak es la Mejor Película de esta edición. Según ellos, 'Bad Haircut' destaca por su "acierto al combinar comedia, tensión y terror", una descripción que suena tan convincente como un vendedor de enciclopedias en 2024.

Nosotros, en cambio, tenemos una teoría alternativa: o bien el jurado confundió la película con un experimento de arte conceptual sobre la alienación urbana, o bien alguien les sirvió algo más fuerte que café en el descanso. Porque, seamos claros, 'Bad Haircut' no es una película. Es un ejercicio de estilo tan pretencioso como vacío, un intento desesperado por emular el tono de 'Get Out' mezclado con la estética de un capítulo de 'Black Mirror' dirigido por un becario de TikTok. La trama, por si alguien tiene la mala suerte de no haberla visto, sigue a Mick, un peluquero con un pasado turbio (y un peinado aún más turbio) que regenta una barbería donde los clientes salen... distintos. No, no hablamos de un corte de pelo innovador, sino de algo mucho más siniestro: una metáfora tan obvia que hasta el espectador más distraído podría resolver el misterio en los primeros veinte minutos.
Pero aquí viene lo mejor: el jurado no solo ha premiado la película, sino que ha destacado su "solidez en las interpretaciones y la personalidad de su propuesta visual". Solidez. Personalidad. Dos palabras que, aplicadas a 'Bad Haircut', suenan tan forzadas como un chiste de Rajoy en un monólogo de humor negro. Porque, seamos honestos, la única solidez que tiene esta película es la de un flan en un terremoto, y su propuesta visual parece sacada de un tutorial de After Effects para principiantes. El director, Kyle Misak, demuestra una habilidad pasmosa para malgastar planos, con una fotografía que oscila entre lo amateur y lo directamente cutre, como si el presupuesto se hubiera esfumado en comprar pelucas de mala calidad para el reparto. Y no hablemos del montaje, que parece obra de alguien que descubrió el botón de "cortar" en Premiere Pro cinco minutos antes de empezar a editar.
Pero, claro, el jurado es soberano, y si ellos ven una obra maestra donde nosotros vemos un despropósito con ínfulas, ¿quiénes somos nosotros para cuestionarlo? Mr. Cinismo, nuestro crítico estrella, ya ha dejado su huella en los Cines Broadway: literalmente. Tras la proyección, se vio obligado a destruir una butaca en un arrebato de rabia contenida, mientras murmuraba algo sobre "la muerte del cine" y "el fin de la civilización tal y como la conocemos". Nosotros, en un alarde de profesionalidad, lo sujetamos para que no prendiera fuego a la sala, pero entendemos su frustración. Porque, al final, esto es lo que tiene el cine: donde unos ven arte, otros vemos un dolor de muelas con pretensiones.
ACTUALIZACIÓN DE ÚLTIMA HORA: El peluquero nos manda de vuelta a 1939 (y no es una metáfora)
Mientras redactábamos esta crónica desde la distancia —concretamente, desde un bar de mala muerte donde el café sabe a agua sucia y los clientes parecen sacados de un episodio de 'The Walking Dead'—, nos ha llegado un correo electrónico que ha puesto el broche de oro a esta edición del PUFA. El equipo de 'Bad Haircut', visiblemente molesto por la crítica de Mr. Cinismo (que, recordemos, calificó la película de "un insulto a la inteligencia, al terror y a la profesión de peluquero"), ha decidido que era el momento perfecto para escribirnos una carta de amor en forma de amenaza velada.
El correo, redactado con el tono de quien acaba de descubrir que el mundo no gira alrededor de su película, comienza con un "Estimados" tan falso que podría cortar diamantes. Nos cuentan, con el corazón en la mano (y, suponemos, un puñal en la otra), que 'Bad Haircut' venía de "cosechar magníficas críticas en su premiere mundial en el Fantastic Fest", como si eso fuera un argumento válido y no la versión cinematográfica de "mi madre también me dijo que era guapo". Luego pasan a lo importante: el jurado del PUFA está lleno de "profesionales sabios", mientras que nuestra crítica es un "ataque malicioso totalmente desprovisto de realidad". Vamos, que según ellos, somos unos ignorantes con mala baba que no entendemos el arte cuando lo tenemos delante.
Pero lo mejor está por llegar. Frankie Ray, el actor que da vida a Mick el barbero (y que, por cierto, tiene una interpretación tan sobreactuada que parece que está compitiendo por un Razzie), ha decidido subir el tono del debate a niveles históricos. En un alarde de diplomacia, ha declarado textualmente: "Hitler tenía una opinión, pero como raza humana nos damos cuenta de que algunas opiniones son tóxicas". ¡Boom! De Valladolid a Núremberg en un solo párrafo, como quien dice. Porque, claro, comparar una crítica de cine con el régimen nazi es el colmo de la elegancia y la sutileza, ¿verdad, Frankie? Nosotros, que somos gente de paz, le hemos respondido con un mensaje lleno de cariño: "Tranquilo, Frankie, si el resto del equipo de 'La Claqueta Ácida' ve la película, seguro que la opinión es totalmente distinta... o no, porque a lo mejor seguimos pensando que es una mierda. Pero oye, al menos no te compararemos con un genocida".

Al final, esto es lo que tiene la ruleta rusa de los festivales: a algunos les toca cruz, a otros les toca Mr. Cinismo, y a unos pocos afortunados les toca un jurado que confunde el terror con un tutorial de YouTube. Nosotros, desde aquí, les mandamos un abrazo fuerte a Frankie Ray, a Kyle Misak y a todo el equipo de 'Bad Haircut'. Nos alegra saber que, aunque nos pegáramos el piro antes de tiempo, las bilis de nuestro cronista siguen cruzando el Atlántico y dejando huella. Eso sí, que no se les olvide: la próxima vez, invítennos a la premiere. Total, peor que la película no puede ser.
¿Malos, ignorantes o simplemente bendecidos con el don del criterio? (Spoiler: un poco de todo)
Ante semejante brecha entre nuestro ranking y el palmarés del jurado, cabe hacerse la pregunta del millón: ¿somos unos amargados sin remedio, unos ignorantes que no entienden el cine moderno, o simplemente tenemos el listón tan alto que hasta 'El Padrino' nos parecería una película de Telecinco? La respuesta, como casi todo en la vida, es un poco de todo.
Lo cierto es que sufrimos el bendito síndrome de la vanguardia indomable, una enfermedad crónica que nos obliga a cuestionar todo lo que huele a autocomplacencia. Porque, seamos honestos, todo festival necesita un azote que baje los humos a la industria, un crítico que no tema decir que el rey está desnudo cuando el resto del mundo aplaude como focas amaestradas. La historia de la crítica cinematográfica está escrita con esta tensión entre el aplauso fácil y el colmillo afilado, y nosotros, queridos lectores, hemos decidido situarnos en el bando de los que muerden.
Para entenderlo mejor, hagamos un repaso por algunos de los grandes tótems de la crítica patria, esos gigantes que nos han enseñado que el cine, cuando es bueno, merece ser defendido a capa y espada, y cuando es malo, merece ser quemado en la hoguera de la vergüenza ajena:
- Carlos Boyero: El rey de la acidez, capaz de destruir un estreno millonario con un par de frases y, al mismo tiempo, emocionarse como un niño con una película de cine negro clásico. Boyero no critica películas: las disecciona con un bisturí oxidado y las deja sangrando en la mesa de operaciones. Su legado es el de un hombre que odiaba el cine malo con la misma pasión con la que amaba el cine bueno, y eso, queridos lectores, es algo que nosotros admiramos profundamente.
- Alfonso Pumares: Un huracán de opiniones, un crítico que gritaba en directo llamando "¡inútil!" a un director y, al mismo tiempo, te contagiaba una pasión mística por el cine asiático o de serie B. Pumares no hacía crítica: hacía performance, y su legado es el de un hombre que entendió que el cine, cuando es grande, merece ser defendido con uñas y dientes, y cuando es una mierda, merece ser tratado como tal.
- Ángel Sala: El gran gurú del fantástico, un hombre que ama el gore más extremo con la misma intensidad con la que odia las propuestas perezosas. Sala ha convertido el Festival de Sitges en un referente mundial, pero también ha demostrado que el terror no es un género menor, sino un campo de batalla donde solo los valientes sobreviven. Su exigencia es brutal, pero necesaria: porque, al final, el cine de género merece ser tratado con el mismo respeto que el drama más prestigioso.
- José Luis Garci: El último romántico, un hombre que miraba el cine con nostalgia y lírica, capaz de ensalzar una obra menor si tocaba la fibra adecuada, pero implacable con las modernidades vacías. Garci entendió que el cine es emoción pura, y que, a veces, una película mala puede ser más interesante que una buena si logra conectar con el espectador de la manera correcta.
Nosotros, en Claqueta Ácida, nos situamos en esa tradición: la de los que no temen decir lo que piensan, aunque eso signifique ganarse enemigos en cada festival. Que el jurado del PUFA haya coronado a 'Bad Haircut' mientras nosotros la destripamos no nos convierte en ignorantes: nos convierte en necesarios. Porque, al final, el cine no es solo técnica, ni siquiera es solo arte: es una experiencia, y si esa experiencia consiste en dos horas de aburrimiento disfrazado de terror indie, alguien tiene que decirlo.
Y si a Mick el barbero (o a Frankie Ray, o a Kyle Misak) le escuece nuestra opinión, bienvenido al club: el periodismo cultural no es un concurso de popularidad, sino un ejercicio de honestidad. Y nosotros, queridos lectores, preferimos mil veces ser honestos que quedar bien con todo el mundo.
Aquelarres, cortos y lo que nos hemos perdido por estar de cañas (o cómo aprender a amar el FOMO)
Como buenos periodistas (o, al menos, como gente que cobra por fingir que lo es), no tenemos ni la más remota idea de cómo se vivió el ambiente en la sala para el resto de premios, porque estábamos demasiado ocupados disfrutando de la vida real (o, lo que es lo mismo, bebiendo cerveza barata en un bar donde el wifi no funcionaba y el dueño parecía sacado de una película de terror). Pero el papel oficial dice lo que dice, y nosotros, como buenos profesionales, nos fiaremos del criterio del jurado... aunque sea a regañadientes.
En la sección Aquelarres (ese cajón de sastre donde el festival mete todo lo que huele a ciencia ficción, fantasía o marcianada de dudosa procedencia), la triunfadora ha sido la australiana 'Yesterday Island', de Sam Voutas. Una película de bucles temporales y ciencia ficción que, según el jurado, no solo se lleva el premio gordo de su categoría, sino que también rasca el Premio Panic House – #ConUnPack. Nosotros, que no la hemos visto (porque, recordemos, estábamos de cañas), nos fiaremos del criterio de los profesionales, aunque algo nos dice que, si el jurado ha premiado 'Bad Haircut', igual deberíamos echarle un ojo a 'Yesterday Island' con un ojo crítico... y una botella de whisky cerca, por si acaso.
También hubo mención especial para los japoneses de 'Grand Ciel (The Site)', una película que, según las malas lenguas (o, lo que es lo mismo, el jurado), "deslumbra por su atmósfera opresiva y su narrativa innovadora". Nosotros, que somos fans del terror japonés desde que vimos 'Ringu' y nos cagamos de miedo en el sofá, nos alegramos por ellos, aunque algo nos dice que, si la película es tan innovadora, igual deberíamos haberla visto antes de irnos de fiesta. Pero bueno, el FOMO (Fear Of Missing Out) es el pan nuestro de cada día en los festivales, y esta vez no iba a ser diferente.
En el terreno de los cortometrajes, 'Los murciélagos han abandonado el campanario', de Alfonso y Manuel Bernal, se ha coronado como el mejor corto de esta edición. Según el jurado, tiene "gran fuerza poética", una descripción que suena tan pretenciosa como un poema de un adolescente en fase de descubrimiento existencial. Pero, oye, nos fiamos. La mención de la categoría se la lleva 'Época de plagas', y el público, que siempre va a lo suyo, premió a 'El fantasma de la quinta'. Por último, una palmadita en la espalda en forma de premio "Jóvenes Talentos" para la actriz Mavournee Hazel por 'Cruel Hands'. Enhorabuena a todos, os libráis de la quema porque no os vimos, pero algo nos dice que, si el jurado ha premiado 'Bad Haircut', igual deberíamos echarle un ojo a estos cortos con cierta precaución.
Orgullo patrio y brujería para cerrar el chiringuito (o cómo aprender a amar el cine español, incluso cuando es malo)
El plato fuerte institucional de la tarde (que, por supuesto, nos perdimos porque estábamos demasiado ocupados disfrutando del fin de semana), fue la entrega del Premio PUFA de Honor a una auténtica leyenda de nuestro cine de género: Jorge Guerricaechevarría.
 ofrece una variedad de estrenos y proyecciones, incluyendo 'Lenore', 'The Waiting Man' y 'Janur Ireng', que exploran el terror psicológico, la magia negra y la inteligencia artificial.