Sightseers — Vacaciones en caravana, comedia negra hilarante y homicidios campestres con sabor británico
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En Claqueta Ácida adoramos el humor que es tan oscuro y retorcido que te hace reír justo antes de taparte la cara de la vergüenza moral. Por eso, tras la claustrofobia mental de Kill List, la decisión de Ben Wheatley de pasarse a la comedia slasher con Sightseers (2012) nos pareció una maravillosa y gamberra declaración de intenciones cinéfila. Coescrita por sus propios y brillantes protagonistas, la película coge la entrañable e inofensiva tradición del turismo británico de clase media en caravana y la tiñe de un rojo hemoglobina divertidísimo, costumbrista, cruel e incómodo.
La trama nos presenta a Tina (Alice Lowe), una ingenua y solitaria mujer de treinta y tantos años que vive sumisa bajo el yugo de una madre controladora y neurótica obsesionada con la muerte accidental de su perro. La vida de Tina se ilumina cuando inicia un romance con Chris (Steve Oram), un tímido e intelectual pelirrojo aficionado a la escritura. Para celebrar su amor, Chris planea unas vacaciones idílicas a bordo de su modesta caravana retro Abbey Oxford, recorriendo los destinos más aburridos del interior de Inglaterra, como el Museo del Lápiz de Keswick o los tranvías antiguos de Crich. Sin embargo, lo que promete ser un viaje de autodescubrimiento y romance provinciano salta por los aires cuando Chris decide atropellar a un ruidoso turista maleducado en una parada. A partir de ese homicidio accidental, la pareja desata una sangrienta cruzada turística contra los campistas arrogantes, los excursionistas pretenciosos y cualquiera que se atreva a ensuciar su idilio campestre.
El idilio homicida de los inadaptados de la campiña
Lo que consagra a Sightseers como un perro verde imprescindible es su soberbia fusión de costumbrismo mundano y slasher despiadado. Los crímenes no nacen de planes maestros criminales ni de traumas infantiles de terror gótico; nacen de las pequeñas mezquindades cotidianas: una discusión por tirar un papel al suelo, la envidia por un perro de raza ajeno o la prepotencia de un excursionista rico con botas de diseño. Tina y Chris matan con la misma naturalidad con la que se preparan una taza de té inglés en la caravana, desatando una dinámica de codependencia destructiva magistral donde la locura de uno alimenta de forma orgánica la psicopatía de la otra.
La puesta en escena de Wheatley es de una sobria belleza rural. La fotografía de Ryan Castle saca provecho del clima típicamente nublado, lluvioso y verde de la geografía inglesa, retratando los acantilados grises y las laderas empapadas con una mezcla de melancolía y humor absurdo. Las secuencias de violencia son secas y directas (pedradas en la cabeza, empujones al vacío y atropellos), acompañadas por una selección musical hilarante de clásicos pop retro que ironiza brillantemente sobre el patetismo de la pareja.
Lo mejor
- El guion de Alice Lowe y Steve Oram: Consiguen construir dos psicópatas pueblerinos inmensamente entrañables, patéticos y a la vez repulsivos.
- El humor negro e irreverente: Un ingenioso chiste continuo sobre las neurosis de la clase media británica y su obsesión por el civismo absurdo.
- La evolución de Tina: Su transformación de víctima doméstica a monstruo dominante y salvaje es de una comedia negra brillante.
Lo peor
- La incomodidad de ciertos pasajes: Algunos momentos de violencia doméstica o crueldad gratuita con personajes secundarios (e inocentes) pueden resultar demasiado amargos para quienes busquen una comedia convencional.
- La repetición estructural: El esquema de viajar-discutir-matar se repite de forma similar en un par de ocasiones en la mitad del metraje antes de enhebrar el clímax final en el viaducto.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Sightseers es una joya brillante de la comedia negra de terror contemporánea que demuestra que el slasher se puede cocinar con humor inglés, tazas de té, caravanas Abbey Oxford y una maravillosa falta de vergüenza moral. Ben Wheatley firmó una divertida, sangrienta y patética odisea turística que retrata el amor provinciano no como una postal romántica, sino como una destructiva alianza de asesinos en serie de la clase media rural. Una película imprescindible de Keswick que te obligará a mirar dos veces antes de discutir con cualquier campista malhumorado en la carretera. 💀