The Chaser — La caza del diablo entre el fango, el sudor y la incompetencia burocrática
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En la noble redacción de Claqueta Ácida estamos cansados de psicópatas de guante blanco y de thrillers norteamericanos pulcros que parecen rodados en clínicas dentales. Por eso, el debut cinematográfico de Na Hong-jin con The Chaser (2008) supuso un bofetón de fango, sudor y cinismo que nos dejó la mandíbula desencajada. Huyendo de la elegancia estilizada y del romanticismo noir clásico, el director surcoreano parió una obra asfixiante que no se limita a mostrar la cacería de un asesino en serie, sino que aprovecha para escupir directamente sobre la incompetencia policial y la podredumbre moral de una sociedad indiferente.
La trama, inspirada libremente en el asesino real Yoo Young-chul, es un prodigio de tensión contrarreloj: Eom Joong-ho (un colosal Kim Yoon-seok) es un antiguo detective de policía reconvertido en proxeneta de baja estofa en Seúl. Cuando varias de sus chicas empiezan a desaparecer misteriosamente sin dejar rastro, Joong-ho sospecha que están siendo revendidas. Sin embargo, al enviar a una de sus últimas empleadas enfermas, Mi-jin, a un encuentro de última hora, descubre horrorizado que el número de teléfono del cliente coincide con el de las desaparecidas. Comienza así una persecución frenética por las laberínticas, empinadas y lluviosas calles de los suburbios coreanos, donde el diablo viste con chaqueta de cuero barata y sonríe con la timidez de un oficinista gris.
El laberinto vertical del horror cotidiano
Lo que hace de The Chaser un perro verde superlativo es su audaz estructura narrativa. Na Hong-jin comete el suicidio comercial (y genialidad artística) de desvelar y detener al asesino, Je Yeong-min (un aterrador Ha Jung-woo), apenas transcurrido el primer tercio del metraje. La película no se pregunta quién es el culpable, sino si lograrán retenerlo y encontrar a las víctimas antes de que sea demasiado tarde. A partir de ahí, el espectador se ve atrapado en una red insoportable de impotencia: la policía, obsesionada con los protocolos, el papeleo político y la imagen pública, es incapaz de obtener una confesión o registrar el domicilio del sospechoso por pura negligencia burocrática.
La puesta en escena de Na Hong-jin es de una fisicidad analógica brutal. La cámara corre al hombro de los protagonistas por las cuestas asfixiantes del barrio de Mangwon, transmitiendo la fatiga real, los resbalones sobre los adoquines mojados y el dolor sordo de cada golpe martillado en la carne. No hay coreografías estilizadas al estilo de Hollywood; las peleas aquí son feas, torpes, llenas de mordiscos, fango y desesperación zoológica. La luz de Lee Sung-jae exprime las sombras de los callejones y las habitaciones cerradas, tiñendo el metraje de un ocre sucio que huele a humedad y a sangre coagulada.
Lo mejor
- La desmitificación del thriller: El asesino no es un genio del ajedrez mental, sino un sádico patético atrapado por la incompetencia ajena.
- La interpretación de Kim Yoon-seok: Su evolución moral de proxeneta codicioso a salvador desesperado es orgánica, creíble y dolorosa.
- El control del suspense: Na Hong-jin maneja los tiempos muertos y las elipsis narrativas con una madurez técnica insólita para un debutante.
Lo peor
- La brutalidad con el espectador: Ciertos giros narrativos en el tramo final son de una crueldad moral tan despiadada que pueden ahuyentar a estómagos blandos.
- El retrato policial extremo: Aunque la crítica institucional es brillante, algunos oficiales de policía rozan la caricatura de comedia slapstick por su torpeza infinita.
El Veredicto de Claqueta Ácida
The Chaser es una obra maestra absoluta del neo-noir contemporáneo que pulveriza los clichés del suspense norteamericano. Na Hong-jin firmó una ópera prima rabiosa, física y desesperante que retrata Seúl no como una postal tecnológica de neones, sino como un laberinto lluvioso lleno de fango moral y callejones sin salida donde el mal camina despacio y la justicia llega siempre una hora tarde. Una joya imprescindible que te dejará temblando de rabia y admiración cinematográfica. 💀