The Soul Eater — Leyendas macabras de montaña, niños perdidos y casquería rural
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En Claqueta Ácida adoramos cuando el cine policíaco se quita la corbata, apaga las luces de la comisaría de diseño y se adentra de lleno en el barro y la casquería gótica. Por eso, el regreso en 2024 de la insigne pareja del extremismo francés (Bustillo y Maury, de nuevo arropando las raíces de Xavier Gens y compañía) con The Soul Eater (Le mangeur d’âmes) nos ha parecido una de las sorpresas más gratas de la temporada. Olvidaos de los procedimentales televisivos planos; esto es un thriller de misterio asfixiante, macabro y rural que coquetea constantemente con lo sobrenatural de una forma tan elegante como despiadada.
La trama nos traslada a Roquenoire, un remoto e idílico pueblo de montaña rodeado de bosques de pinos y una niebla eterna. Tras el brutal asesinato de una pareja local en su granja aislada y la misteriosa desaparición de varios niños del pueblo, la capitana de la policía Elisabeth Guardiano (Virginie Ledoyen) llega desde París para investigar el caso. Allí se ve obligada a colaborar con Franck de Rolan (Paul Hamy), un gendarme de la brigada de menores obsesionado con encontrar a los niños perdidos. Las pistas les conducen directos a la leyenda local del ‘Devorador de Almas’, un monstruo que supuestamente secuestra a niños pecadores a altas horas de la noche, sumergiéndoles en una conspiración de cultos satánicos, secretos familiares oscuros y autopsias escalofriantes.
Thriller gótico de manual y tensión alpina
Lo que hace de The Soul Eater una joya para nuestros “perros verdes” es su arrolladora atmósfera gótica e invernal. Los directores franceses utilizan los paisajes montañosos no como un simple decorado bonito, sino como un laberinto natural opresivo y claustrofóbico que parece ahogar los secretos del pueblo. La fotografía de Simon Filliot destaca por su sobriedad visual, usando tonos fríos y grises apagados que contrastan violentamente con el rojo brillante de las brutales escenas de crimen, las cuales demuestran que los cineastas no han perdido ni un gramo de su gusto por el horror anatómico.
La película funciona de forma magistral gracias al excelente equilibrio entre misterio procedimental y folk horror escabroso. Ledoyen y Hamy componen una pareja de investigadores fantástica, arrastrando cada uno sus propios traumas del pasado que resuenan con el sufrimiento de los niños desaparecidos. Lejos de ser un thriller policial rutinario, la película se adentra sin miedo en la oscuridad existencial, ofreciendo giros de guion verdaderamente perturbadores que mantienen al espectador con la mandíbula tensa hasta los créditos finales.
Lo mejor
- La magnífica atmósfera alpina: Lograr que un idílico pueblo de montaña francés parezca más terrorífico, sombrío y asfixiante que un cementerio decimonónico.
- La dirección de actores: Virginie Ledoyen y Paul Hamy dotan de una tremenda humanidad y peso dramático a la investigación.
- El respeto por lo macabro: No esquivar la crudeza física de los asesinatos, manteniéndose fieles a sus orígenes teatrales y viscerales de la carne.
Lo peor
- Cierta acumulación de giros finales: La resolución de la trama acumula demasiadas revelaciones sorpresivas en los últimos veinte minutos, pudiendo saturar al espectador menos acostumbrado.
- Uso recurrente de clichés rurales: El cliché del pueblo de montaña aislado donde todos los lugareños son huraños y guardan silencio es un recurso algo trillado en el género.
El Veredicto de Claqueta Ácida
The Soul Eater (2024) es una confirmación rotunda de que Bustillo y Maury siguen siendo directores imprescindibles para el género en Europa. Al hibridar el ‘polar’ francés clásico con el horror folk más macabro de las leyendas de montaña, nos regalan una obra asfixiante, elegante y brutal que honra con creces las raíces de nuestra sección de “perros verdes”. Un viaje invernal sin retorno que te hará pensártelo dos veces antes de ir a buscar setas a los bosques profundos del Pirineo francés. 💀