Together — La cueva de los espejos rotos (o cómo el amor tóxico sabe a agua estancada)
Dave Franco y Alison Brie beben del cáliz de la codependencia en este thriller psicológico australiano que huele a sudor emocional y CGI de saldo. ¿Arte o autopsia de pareja?
Together es el último engendro de Michael Shanks —un director que hasta ahora solo había firmado videoclips y cortometrajes brillantes en YouTube como si fueran sketches de ciencia ficción pasados de rosca—, llega con la pretensión de ser un espejo deformante de las relaciones de codependencia. Spoiler: el espejo está empañado, rajado y huele a ambientador de coche de segunda mano. ¿El resultado? Una película que parece rodada entre dos sesiones de gamberrismo visual y un taller de efectos visuales low-cost, donde la mutación corporal sabe a chiste repetido y el CGI de guerrilla tiene la textura de un chicle masticado por un fantasma con prisa.
Shanks, un cineasta que hasta ahora había demostrado un pulso narrativo más cercano al videoclip frenético que al largometraje, se adentra en el territory del body horror con la delicadeza de un elefante en una tienda de porcelana. Su ópera prima huele a ambición mal canalizada: quiere ser The Fly (1986) pero acaba pareciéndose más a un episodio alargado de The OA (2016-2019), esa serie que todos empezamos con esperanza y abandonamos como si fuera un ex tóxico en Nochevieja. La premisa, eso sí, tiene su gracia: una pareja se muda al campo para descubrir que sus cuerpos se han fusionado biológicamente por una extraña fuerza, obligándolos a cooperar para sobrevivir. El problema no es la idea, sino su ejecución, que parece sacada de un manual de escritura creativa para principiantes: «Si tus personajes no se entienden, haz que compartan literalmente el mismo sistema circulatorio». Genial, Shakespeare.
El contexto industrial de Together es, cuando menos, curioso. Producida de forma independiente como una coproducción entre Australia y Estados Unidos (con el apoyo de Screen Australia y VicScreen), la película nace en un momento en el que el cine de género indie busca desesperadamente la próxima bizarrada viral. En el terror moderno, el género se debate entre dos extremos: por un lado, las obras maestras que exploran el horror desde lo íntimo (Talk to Me, 2022; Late Night with the Devil, 2023); por otro, los productos de guerrilla que confunden la provocación con el impacto y la originalidad con un chiste alargado hora y media. Together se queda dangerously cerca del segundo grupo, como si alguien hubiera mezclado el concepto de Society (1989) con el presupuesto de una producción de Melbourne y le hubiera añadido un toque de humor absurdo de internet. No es casualidad que el filme se moviera por festivales de género, donde los programadores, desesperados por llenar pantallas con propuestas "raras", aceptan cualquier cosa que huela a «culto instantáneo» aunque en realidad huela a desesperación creativa.
Y luego está el reparto. Dave Franco y Alison Brie, una pareja en la vida real que ha demostrado su talento en innumerables comedias y proyectos indies, aquí parecen perdidos en un limbo entre la performance física y el absurdo de serie B. Franco, con esa expression de «no sé cómo he terminado metido en esto», y Brie, cuya expresividad parece reducida a un catálogo de quejas y miradas de «¿en serio tenemos que rodar otra escena pegados?», interpretan a dos personas cuya química oscila entre lo incómodamente real y lo ridículamente forzado. Es como ver a dos actores de Hollywood haciendo improvisación con un guion escrito por alguien que solo hace vídeos para TikTok. El verdadero hallazgo del reparto es su capacidad para aguantar el tipo en un entorno tan minimalista, asumiendo el caos de una filmación que se siente como un experimento casero. Su calvario conjunto es lo único que aporta algo de humanidad a un filme que, por lo demás, parece rodado en decorados que recuerdan a un IKEA después de una debacle biológica.
Dirección: El arte de tropezar con la misma piedra dos veces
Michael Shanks dirige Together como si estuviera resolviendo un cubo de Rubik con los ojos vendados: con torpeza, pero con la convicción de que, en algún momento, las piezas encajarán solas por arte de magia. Su estilo visual es tan sutil como un martillazo en la sien: planos que pretenden ser dinámicos pero acaban siendo atropellados, iluminación que oscila entre lo indie trasnochado y lo plano como un PowerPoint de empresa, y un uso del color digital que parece sacado de un tutorial de Premiere para principiantes. La fusión de los cuerpos, ese deus ex machina viscoso y grotesque, está filmada con la misma delicadeza con la que un niño de cinco años jugaría con plastilina: mucho látex casero, mucha prótesis evidente y cero atmósfera de terror real. Shanks parece obsesionado con la idea de que el horror corporal debe ser puramente cómico, como si no hubiera aprendido nada de directores como David Cronenberg o Julia Ducournau, que demuestran que lo verdaderamente aterrador de la carne no es el chiste, sino la pérdida de la identidad.
El ritmo de la película es otro de sus grandes pecados. Together avanza como un coche sin gasolina: con sacudidas, parones bruscos y la sensación constante de que algo va a salir mal (y no en el buen sentido). Los primeros cuarenta minutos son una sucesión de sketches donde los protagonistas intentan hacer tareas cotidianas estando pegados, mientras la cámara se regodea en el gag físico de trazo grueso. Cuando por fin llega el momento de asumir la gravedad de la mutación, la película da un volantazo tan brusco que uno casi puede oír el chirrido de los neumáticos. De repente, pasamos de una comedia tonta con ínfulas de culto a un thriller de ciencia ficción con efectos digitales de serie Z, como si Shanks hubiera descubierto el tercer acto en el último momento y hubiera decidido resolverlo con un montaje acelerado y un chiste escatológico cada cinco minutos. El problema no es que la película cambie de tono, sino que no parece saber qué tono quiere tener. ¿Es un estudio satírico sobre las relaciones? ¿Una alegoría sobre la pérdida de individualidad? ¿Un filme de monstruos domésticos? Together quiere ser las tres cosas a la vez y acaba siendo ninguna, como un plato de comida que ha intentado mezclar sushi, paella y hamburguesa en la misma bandeja.
Actores: Entre el método Stanislavski y el teatro de aficionados
Si algo salva a Together del olvido absoluto, es el tremendo esfuerzo físico de su pareja protagonista. Alison Brie, una actriz que ha demostrado que puede transmitir fragilidad y fuerza en la televisión norteamericana, aquí parece atrapada en un limbo interpretativo. Su personaje, una mujer cuya evolución se reduce a pasar de «asqueada con la situación» a «resignada a compartir costillas con su pareja», es un desperdicio de matices. Brie intenta darle dignidad, pero el guion la condena a repetir los mismos gags corporales una y otra vez: tirones, tropiezos y miradas de «¿por qué me pasa esto a mí?». Es como ver a una actriz dramática obligada a interpretar un sketch eterno.
Dave Franco, por su parte, tiene la expresión de alguien que confía demasiado en su carisma natural para compensar la falta de desarrollo. Su personaje es tan plano que uno casi puede oír el eco al golpearlo. Franco parece estar en otra película, una en la que el humor absurdo tiene un remate inteligente. Spoiler: no es esta. Al tratarse prácticamente de un tour de force de dos únicos actores encerrados, la falta de personajes secundarios con los que interactuar y que aporten algo de misterio o textura (más allá de la breve aparición de Damon Herriman) convierte el universo de la película en un desierto dramático, donde sus interpretaciones se sienten por momentos limitadas por el entorno. No hay nadie más a su alrededor que pueda anclar la historia a la realidad, reduciendo todo el metraje a un constante grito en el vacío de dos personas que no se soportan.
Apartado técnico: Cuando el presupuesto se nota más que el talento
El guion de Together, escrito por el propio Shanks, es un ejemplo perfecto de cómo una premisa gamberra puede arruinarse con una mala estructura. La idea de dos enamorados unidos por la carne tiene potencial para la sátira salvaje, pero el desarrollo es tan predecible que uno casi puede oír el click de los tropos de internet encajando en su lugar. Los diálogos oscilan entre lo banal y lo grosero, como si Shanks hubiera mezclado hilos de Reddit con chistes de instituto. El tercer acto, ese momento en el que la película debería estallar en llamas (metafóricamente, claro), se resuelve con un festival de gore absurdo y humor negro tan precipitado que uno casi puede ver las costuras de la falta de presupuesto y la prisa por cerrar la historia.
La fotografía, firmada bajo el mismo espíritu de guerrilla de Shanks, es otro de los puntos débiles, alejadísima de los grandes estándares estéticos del horror moderno. Aquí todo parece trabajar con una iluminación plana propia de un canal de sketches online de la década pasada. Las localizaciones, que deberían asfixiar al espectador por la falta de espacio de los protagonistas, están filmadas de una forma que hace que el entorno parezca más un plató barato que un hogar claustrofóbico. Y los efectos digitales y protésicos, esos monstruos de la fusión biológica que deberían incomodar o fascinar, tienen a veces la textura de un render de Blender mal hecho o de un truco de magia de parque de atracciones, como si alguien hubiera intentado emular el látex de los 80 pero se hubiera quedado sin presupuesto para el acabado final.
La banda sonora, compuesta con sintetizadores machacones y ritmos electrónicos de stock, es un dolor de muelas constante que Shanks no sabe cómo integrar. A veces la música desaparece en momentos que requerían tensión dramática, y otras veces inunda escenas de diálogo cotidiano sin importar el ritmo o la atmósfera, como si el director hubiera decidido que el ruido debía tapar las carencias del guion. El montaje, por su parte, es tan atropellado que uno casi puede sentir los cortes como tirones. Hay gags estirados hasta el infinito, transiciones torpes que parecen sacadas de un vídeo de YouTube de 2015 y una alarmante falta de fluidez cinematográfica.
Lo mejor
- Espectáculo Físico: El esfuerzo físico de Dave Franco y Alison Brie: Mantener el tipo actoral mientras simulas estar pegado físicamente a otra persona durante todo el metraje tiene mérito.
- Premisa: La premisa tiene un punto de partida divertido y gamberro, ideal para un cortometraje de festival de medianoche si la ejecución no se hubiera desinflado.
- Efectos Prácticos: Algunos efectos prácticos: En la era del CGI digital masivo, se agradece el intento de usar látex y trucos analógicos, aunque el acabado sea de serie B.
Lo peor
- Guion: El guion: Predecible, estancado tras los primeros veinte minutos y estirado artificialmente para llegar a la duración de un largometraje.
- Ritmo: El ritmo: La película se agota rapidísimo, convirtiéndose en un bucle de chistes repetitivos sobre la falta de movilidad.
- Efectos Digitales: Los efectos digitales de apoyo: Cuando el filme abandona lo artesanal, los efectos por ordenador cantan por soleares, pareciendo renders inacabados.
- Dirección: La dirección de Shanks: Heredera de sus vicios de internet; confunde el ritmo hiperactivo del videoclip con la narrativa cinematográfica.
- Tono: La indefinición de tono: No es lo suficientemente terrorífica para asustar, ni lo suficientemente inteligente para hacer reír.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Together es lo que pasa cuando una idea gamberra de cortometraje se estira a la fuerza para intentar vender un largometraje con presupuesto de saldo. No es la peor bizarrada que hemos visto, pero está peligrosamente cerca de convertirse en un ejemplo de manual de cómo un concepto viral no sostiene una película. Dave Franco y Alison Brie merecían un guion con más colmillo y el público merecía algo más que un chiste estirado. Si buscas una película que explore la fusión corporal con maestría, mira The Fly (1986) o la reciente The Substance (2024). Si buscas comedia de terror australiana bien hecha, mira 100 Bloody Acres (2012). Y si buscas algo absurdo para pasar el rato, mira Together con amigos, sabiendo perfectamente que estás ante un sketch de internet de hora y media. El resultado será el mismo, pero al menos te divertirás. 💀
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