La autopsia de Jane Doe — El frío forense de la brujería
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El director noruego André Øvredal, tras sorprender con el falso documental Trollhunter, viajó a Hollywood en 2016 para encerrar al veterano Brian Cox y a Emile Hirsch en una morgue subterránea de madera. El resultado fue La autopsia de Jane Doe, un thriller de terror clínico asfixiante, minimalista e increíblemente efectivo que demuestra cómo el método científico y los bisturís forenses pueden toparse de frente con el misticismo satánico medieval.
La historia arranca en una plácida tarde lluviosa en Virginia. Tommy Tilden (Brian Cox) y su hijo Austin (Emile Hirsch) regentan una morgue y crematorio familiar subterráneo de clase media. El sheriff local les entrega de urgencia un cadáver exquisito: el cuerpo intacto, desnudo y sin marcas de violencia externa de una joven desconocida (Jane Doe) hallada a medio enterrar en el sótano de una casa donde ocurrió una masacre familiar inexplicable. A medida que avanzan los cortes clínicos de la autopsia (extrayendo pulmones ennegrecidos por fuego inexistente, corazones con cicatrices internas y dientes arrancados), la morgue se convierte en una trampa de fenómenos paranormales y resurrección de cadáveres.
Bisturís, campanas y el terror de lo inerte
La gran virtud de la película es su impecable primer acto procedimental. Øvredal retrata el trabajo forense con una minuciosidad documental fascinante. Las campanas atadas a los tobillos de los cadáveres (un viejo truco para verificar si un cuerpo seguía con vida) añaden un suspense auditivo clásico extraordinario. Olwen Kelly, que interpreta al cadáver de Jane Doe tumbada en la camilla de metal durante ochenta minutos enteros, regala una presencia física muda tan magnética y aterradora que es imposible apartar la mirada de su torso abierto por el bisturí.
Lo mejor
- La rigorosa atmósfera clínica inicial: El retrato forense detallado y realista de la autopsia como si fuera una investigación criminal de enredos científicos.
- Brian Cox y Emile Hirsch: Su dinámica paternofilial transmite una profesionalidad y serenidad frente al horror que dota de una gran verosimilitud a la trama.
- Olwen Kelly: Su tremenda quietud y su rostro angelical inerte son el verdadero motor del malestar de la película.
Lo peor
- Transiciona al pasillo de sustos convencional: El excelente suspense procedimental e íntimo del primer acto se disuelve en el tramo final en una persecución de fantasmas y sombras ruidosas por la morgue.
- Resolución explicativa acelerada: Las explicaciones sobre la brujería de Salem se introducen de forma verbal apresurada en los últimos diez minutos de metraje.
El Veredicto de Claqueta Ácida
La autopsia de Jane Doe es un excelente y claustrofóbico ejercicio de terror de cámara. Øvredal demuestra que no hacen falta grandes presupuestos para erizar la piel, bastándole un cadáver inerte, una camilla de metal y un bisturí que corta el velo de lo racional. Una fantástica pieza de nuestra colección de “perros verdes” que te mantendrá mirando de reojo los pies de la cama en tu próxima noche de tormenta.