Mad Max — Furiosa - El desierto sigue brillante, el guion no tanto
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A pesar de que los críticos de Cannes se han deshecho en elogios contenidos y lágrimas programadas de ovación de diez minutos, la realidad fuera de la burbuja de la Costa Azul es que esta precuela sufre del mal contemporáneo más contagioso: la obsesión por explicarlo absolutamente todo. George Miller sigue siendo el indiscutible rey del metal, la gasolina y el desierto apocalíptico, pero en su afán por rellenar cada hueco del árbol genealógico de Furiosa, ha terminado por diluir la velocidad terminal que hizo de Fury Road un milagro del cine de acción moderno.
El Síndrome de la Wikipedia: Explicar lo Inexplicable
Fury Road era pura poesía en movimiento; no necesitaba explicar por qué el mundo se había ido al garete ni qué desayunaba Immortan Joe por las mañanas. Simplemente nos arrojaba a una persecución de dos horas donde el diseño visual y la narrativa minimalista hacían todo el trabajo. Furiosa, estructurada en cinco solemnes capítulos que abarcan casi quince años de la vida de la protagonista, peca de un didactismo que a ratos resulta asfixiante.
Miller siente la necesidad imperiosa de mostrarnos de dónde viene su brazo biónico, cómo consiguió su icónico camión de guerra, por qué se rapó la cabeza y hasta qué tipo de abono usaban en el “Lugar Verde de Muchas Madres”. Lo que antes era misterio y mitología legendaria ahora se convierte en una lista de verificación de guionistas. No todo en el cine necesita un árbol de decisiones de dos horas y media; a veces, la sugerencia es infinitamente más poderosa que el mapa de carreteras completo.
Anya Taylor-Joy y la mirada que ahorra diálogos
Si hay un elemento que mantiene a flote la gravedad del metraje es, sin duda, Anya Taylor-Joy. Sustituir a la Charlize Theron de Fury Road era una tarea suicida similar a cruzar el Páramo a pie sin cantimplora. Sin embargo, Taylor-Joy saca partido de su mejor recurso: unos ojos inmensos capaces de transmitir el trauma de una infancia robada, el rencor acumulado contra los tiranos del desierto y la determinación gélida de una guerrera.
Con apenas unas treinta líneas de diálogo en toda la película, Anya sostiene el peso dramático de la odisea. Su Furiosa es más frágil pero igual de letal, un animal acorralado que aprende a hablar el idioma de la violencia para sobrevivir en un ecosistema de señores de la guerra desquiciados.
Chris Hemsworth y el histrionismo de prótesis
En la otra cara de la moneda tenemos a Chris Hemsworth como Dementus, un líder de una horda de motoristas que parece escapado de un festival de teatro shakesperiano de bajo presupuesto en medio del desierto. Con una prótesis nasal que llama más la atención que sus discursos y un osito de peluche atado a la espalda como talismán macabro, Hemsworth se divierte de lo lindo interpretando a este villano grandilocuente e incompetente.
El problema no es la actuación de Hemsworth, que es enérgicamente divertida, sino el tono. Dementus carece de la amenaza implacable e icónica de Immortan Joe. Es un charlatán ruidoso y trágico, un bufón en carroza tirada por motos que contrasta demasiado con el tono sombrío e implacable de la protagonista. Cuando la película intenta equilibrar el melodrama de su rivalidad con la espectacularidad de las persecuciones, el ritmo se resiente.
La Sinfonía del Polvo y el Metal
Visualmente, no obstante, Furiosa sigue estando a años luz de la mediocridad de la pantalla verde de Marvel. Hay secuencias (especialmente la del asalto aéreo al camión de guerra que dura unos quince minutos de infarto) que demuestran que Miller sigue teniendo un ojo privilegiado para el movimiento espacial, las acrobacias reales y la coreografía del caos masivo. Simon Duggan en la fotografía hace un trabajo formidable imitando la paleta hiper-saturada de su predecesora, tiñendo el desierto de unos tonos cobrizos y cianes espectaculares.
Sin embargo, hay más presencia de CGI evidente en esta entrega. Donde Fury Road se sentía física, arenosa y peligrosa, Furiosa a veces coquetea con la estética artificial de un videojuego de alta gama, rompiendo la inmersión en momentos clave.
Lo mejor
- El tramo central y el asalto al camión de guerra, una clase magistral de ritmo de acción.
- La interpretación magnética de Anya Taylor-Joy y su imponente presencia física sin necesidad de diálogo.
- El diseño de producción y los vehículos modificados siguen siendo insuperables.
Lo peor
- La estructura episódica que fragmenta el ritmo de forma innecesaria.
- Un exceso de explicaciones que le resta misterio a la Furiosa original.
- Algunos efectos digitales cantan más de lo debido en comparación con la fisicidad de la primera entrega.
El veredicto de Claqueta Ácida (6.5/10)
Furiosa es una magnífica adición de entretenimiento y acción si buscas dos horas de orgasmos visuales y acrobacias desérticas. No obstante, si esperabas la frescura iconoclasta, el ritmo implacable y el alma indomable de Fury Road, saldrás del cine pensando que no todo en este universo necesitaba una genealogía de dos horas y media. A veces, las leyendas se disfrutan más cuando quedan espacios en blanco en el mapa.