Martyrs — El calvario insoportable de la trascendencia
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Existen películas de terror que asustan, películas que asquean y, finalmente, películas que te rompen por dentro y alteran la composición química de tu cerebro. Martyrs (2008), escrita y dirigida por el cineasta francés Pascal Laugier, pertenece por derecho propio a este último y selecto olimpo del sufrimiento. Considerada la obra definitiva de la corriente cinematográfica denominada “Nuevo Extremismo Francés”, Martyrs es un martillazo filosófico y anatómico sin anestesia que pulveriza cualquier atisbo de entretenimiento banal.
La historia comienza como un relato de venganza convencional: Lucie, una joven que fue secuestrada y torturada sistemáticamente durante su infancia en un almacén abandonado, irrumpe quince años después armada con una escopeta en el plácido desayuno de una modesta familia burguesa, masacrando a todos los integrantes bajo la mirada aterrorizada de su mejor amiga, Anna (Morjana Alaoui). Sin embargo, lo que parece el clímax de un thriller de venganza no es más que el prólogo de una de las odiseas más oscuras, insoportables y existenciales de la historia del cine.
Más allá del horror: la búsqueda científica del alma
La verdadera genialidad de Martyrs radica en su drástico y valiente cambio de tono a mitad de metraje. Tras la partida de Lucie (en una escena de dolor psicológico inmenso), Anna investiga la casa y descubre una organización clandestina oculta bajo el sótano. Una siniestra sociedad de millonarios liderada por “Mademoiselle”, una anciana de gélida presencia obsesionada con resolver científicamente el mayor misterio de la humanidad: ¿Qué hay en el más allá?
Para descubrirlo, esta sociedad secuestra a jóvenes mujeres para someterlas a un proceso sistemático de tortura controlado. Según su tesis, si el sufrimiento físico y psicológico es llevado al límite exacto sin llegar a causar la muerte, la víctima entra en un estado de éxtasis místico (el martirio) que le permite vislumbrar el otro lado justo antes de expirar. Lo que sigue en el tercio final de la película es una prueba de resistencia para el espectador: una sucesión muda, clínica y repetitiva del calvario físico de Anna que trasciende el porno de tortura ordinario (estilo Saw o Hostel) para convertirse en una liturgia litúrgica profundamente trágica y existencial.
Lo mejor
- La audacia estructural: Desmantela el formato clásico de tres actos de terror, pasando del thriller de casa invadida al drama psicológico, para culminar en un ensayo de horror trascendental.
- La interpretación de Morjana Alaoui: Sostiene el insoportable tercio final de la película con una dignidad física y una entrega emocional que resultan demoledoras.
- El debate existencial definitivo: El monólogo de “Mademoiselle” sobre el sufrimiento y el misterioso y cínico susurro final que dota de un sentido aterrador a toda la película.
Lo peor
- La extrema dureza de sus imágenes: No es una película para ver un viernes por la noche con palomitas. Su visionado induce una sensación de asfixia y tristeza que puede durar varios días.
- Fue víctima de censuras masivas: Debido a su alto nivel de violencia gráfica y crudeza, su distribución fue saboteada en múltiples países, impidiendo que el gran público valorara su inmenso valor cinematográfico.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Martyrs es una obra maestra dolorosa y necesaria. Laugier no filma la violencia para divertir al sádico, sino para explorar la fragilidad del cuerpo humano y el coste absoluto de la revelación divina. Es el estandarte supremo de nuestra sección de “perros verdes”: una película brillante que te dejará completamente mudo, devastado y mirando al vacío durante horas tras los créditos finales.