🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Estrenos ⚡ Ácido Cítrico

El Pasajero Nocturno — Una Pesadilla en la Carretera

Una crítica ácida a la película de terror 'El Pasajero Nocturno' con humor negro y análisis cinematográfico

✍️ Por: Dr. Cinismo
🎬 Director: André Øvredal
👥 Reparto: Lou Llobell, Jacob Scipio, Melissa Leo, Joseph Lopez, Tony Doupe, Bonni Dichone
⏱️ Lectura: 15 min
⚡ Ácido Cítrico 7.5/10
Crítica y fotograma de la película El Pasajero Nocturno en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película El Pasajero Nocturno

El celuloide se desenrolla como una serpiente en la oscuridad de la sala, y en la pantalla emerge El Pasajero Nocturno, un título que suena a promesa barata de videoclub de los 90 pero que, contra todo pronóstico, logra escupir algo de sangre fresca en el género del terror. Dirigida por André Øvredal, ese noruego de mirada gélida que ya nos regaló la joya del found footage Trollhunter (2010) y el perturbador ejercicio de terror doméstico The Autopsy of Jane Doe (2016), esta película parece concebida en un laboratorio donde mezclaron el ADN de Duel de Spielberg con el sudor frío de It Follows y un toque de ese realismo sucio que tanto le gustaba a George A. Romero. Pero, ¿logra Øvredal escapar de la maldición de los remakes y secuelas que ahogan el terror moderno, o acaba siendo otro cadáver más en la cuneta de la autopista del género? Agarraos al volante, porque este viaje promete curvas cerradas y algún que otro susto de los que te dejan los nudillos blancos y el corazón en la garganta.

La gestación de El Pasajero Nocturno es tan intrigante como su propio argumento. Tras el éxito de Scary Stories to Tell in the Dark (2019), ese homenaje a los cuentos de terror ilustrados que tantos traumas infantiles nos dejó, Øvredal parecía destinado a convertirse en el nuevo rey Midas del terror mainstream. Pero, oh sorpresa, el noruego decidió tomar un desvío inesperado y firmar este proyecto, escrito por T. W. Burgess, un guionista con más horas en series de televisión (como The Terror o Outcast) que en el cine de género. La pregunta es obvia: ¿estamos ante un director en plena crisis creativa, buscando refugio en el terror low-cost, o ante un artista dispuesto a demostrar que el género aún tiene pulso más allá de los jumpscares y los monstruos de diseño digital? La respuesta, como siempre, está en la pantalla, pero no os equivoquéis: esta película huele a riesgo, a esa apuesta desesperada por recuperar la esencia del terror de carretera, ese subgénero que nos regaló obras maestras como The Hitcher (1986) o Near Dark (1987), pero que hoy parece reducido a una sucesión de clichés y sustos baratos.

El contexto industrial en el que nace El Pasajero Nocturno es tan desolador como la carretera secundaria en la que se desarrolla la trama. Vivimos en la era del terror corporativo, donde los estudios prefieren invertir millones en secuelas de The Conjuring o en remakes de clásicos asiáticos antes que arriesgarse con ideas originales. En este panorama, una película como esta, con un presupuesto modesto y un reparto desconocido, parece un milagro. Pero, como bien saben los fans del género, los milagros a veces huelen a azufre. Netflix, esa fábrica de contenido que tanto ha hecho por democratizar el cine (y por cargarse la magia de las salas oscuras), se hizo con los derechos de distribución, garantizando que El Pasajero Nocturno llegara a millones de hogares sin pasar por el filtro de la crítica especializada. ¿Es esto una bendición o una maldición? Para Øvredal, probablemente ambas cosas: más ojos sobre su trabajo, pero también más riesgo de que su película se pierda en el algoritmo, entre recomendaciones de Bird Box y The Babysitter.

La premisa es tan simple que duele: una joven pareja, Lou Llobell y Jacob Scipio, viajan de noche por una carretera secundaria cuando recogen a un autoestopista que resulta ser algo más que un simple pasajero. Lo que comienza como un thriller de carretera se transforma rápidamente en una pesadilla lovecraftiana, donde lo desconocido acecha en cada curva y el verdadero terror no está en lo que ves, sino en lo que intuyes. Øvredal, fiel a su estilo, opta por un terror lento, casi asfixiante, donde la tensión se construye con planos largos, silencios incómodos y una fotografía que convierte la oscuridad en un personaje más. Pero, ¿logra este enfoque escapar de los tópicos del género, o acaba siendo otro ejercicio de estilo que se ahoga en su propia pretensión?


El pasajero nocturno still 1
El pasajero nocturno still 1

La Dirección: Øvredal y el Arte de Asfixiar al Espectador

Si algo define el estilo de André Øvredal es su obsesión por el realismo sucio, ese enfoque casi documental que ya exploró en Trollhunter y que aquí alcanza nuevas cotas de sofisticación. El Pasajero Nocturno no es una película de sustos fáciles; es un ejercicio de paciencia, un viaje claustrofóbico donde el verdadero terror no está en los monstruos, sino en la incertidumbre. Øvredal demuestra una vez más que es un maestro del suspense, capaz de convertir un simple plano de una carretera vacía en una pesadilla visual. Su uso de la iluminación es particularmente brillante: las luces de los faros del coche, los destellos de las señales de tráfico y los breves fogonazos de las linternas crean un juego de sombras y luces que recuerda al mejor John Carpenter, especialmente a ese The Thing (1982) que sigue siendo el Santo Grial del terror atmosférico.

Pero no todo es oro en el reino de Øvredal. Hay momentos en los que la película parece perderse en su propia ambición, especialmente en la segunda mitad, donde el ritmo se resiente y algunos giros argumentales caen en lo predecible. El director noruego tiene la mala costumbre de confiar demasiado en la atmósfera, olvidando que incluso el terror más atmosférico necesita un guion sólido para no desinflarse como un globo pinchado. Aun así, hay secuencias que demuestran su talento innato para el terror: ese plano secuencia en el que la cámara sigue a los protagonistas mientras exploran una gasolinera abandonada es puro cine, un ejercicio de tensión que recuerda al mejor David Fincher. Y luego está el clímax, un festival de sangre y locura que parece sacado de un sueño febril de Dario Argento, con una paleta de colores tan saturados que parecen pintados con la sangre de los propios protagonistas.

El mayor acierto de Øvredal, sin embargo, es su capacidad para convertir lo cotidiano en algo siniestro. Un simple viaje en coche se convierte en una pesadilla, y objetos aparentemente inocuos (un walkie-talkie, un mapa de carretera, un espejo retrovisor) adquieren un significado casi ritualístico. Es en estos detalles donde la película brilla, recordándonos que el verdadero terror no está en los monstruos de diseño digital, sino en la paranoia y la desconfianza que se instala entre los personajes. El Pasajero Nocturno es, en muchos sentidos, una película sobre la pérdida de control, sobre ese momento en el que te das cuenta de que no estás al volante de tu propia vida. Y Øvredal lo transmite con una crudeza que duele.


El pasajero nocturno still 2
El pasajero nocturno still 2

Las Actuaciones: Cuando el Terror se Hace Carne (y Hueso)

Si hay algo que salva a El Pasajero Nocturno de caer en el olvido es, sin duda, su reparto. Lou Llobell, esa actriz británica de mirada penetrante que ya nos dejó con la boca abierta en The Last Bus (2021), demuestra aquí que tiene madera de estrella del terror. Su interpretación de Lena, la protagonista, es un ejercicio de contención y vulnerabilidad: no es la típica heroína de película de terror, gritona y estúpida, sino una mujer inteligente, asustada pero decidida, que lucha por mantener la cordura en un mundo que se desmorona a su alrededor. Llobell tiene esa cualidad rara en las actrices de género: es creíble tanto en los momentos de calma como en los de histeria, y su química con Jacob Scipio es tan palpable que casi puedes sentir el sudor frío de sus manos entrelazadas.

Hablando de Scipio, este actor británico de ascendencia guyanesa está llamado a ser uno de los grandes nombres del terror moderno. Su Jay, el novio de Lena, es un personaje complejo, lleno de contradicciones: protector pero inseguro, valiente pero vulnerable. Scipio logra transmitir esa dualidad con una naturalidad que asusta, especialmente en las escenas donde el terror se mezcla con la intimidad de la pareja. Hay un momento en particular, cuando Jay y Lena discuten en el coche mientras la cámara se acerca lentamente a sus rostros sudorosos, que es puro cine de terror psicológico. Scipio no necesita gritar ni exagerar; su miedo es tan real que se te clava en la piel como una astilla.

Pero si hay un actor que roba todas las escenas en las que aparece, ese es David Dastmalchian, ese maestro del terror psicológico que ya nos dejó sin aliento en The Boogeyman (2023) y Ant-Man (sí, ese mismo). Su interpretación del pasajero misterioso es una obra maestra de la ambigüedad: ¿es un hombre asustado, un psicópata o algo mucho peor? Dastmalchian logra transmitir una sensación de peligro constante con solo una mirada o un gesto, y su presencia en pantalla es tan inquietante que casi puedes sentir el aliento frío de su personaje en la nuca. Hay una escena en la que el pasajero cuenta una historia sobre un accidente de tráfico que es, sin duda, uno de los momentos más escalofriantes de la película. No hay efectos especiales, ni sangre, ni monstruos: solo un actor, una voz susurrante y una historia que se te clava en el cerebro como un clavo oxidado.

El resto del reparto cumple, aunque sin llegar a la altura de los tres protagonistas. Kirsty Mitchell, en el papel de una camionera misteriosa, tiene un par de escenas memorables, pero su personaje está tan poco desarrollado que acaba siendo poco más que un cameo alargado. Lo mismo ocurre con Andrew French, cuyo papel de policía local parece sacado de un manual de clichés del género. Aun así, hay que reconocer que el elenco en su conjunto logra transmitir esa sensación de desesperación y paranoia que Øvredal busca, convirtiendo El Pasajero Nocturno en una experiencia tan física como emocional.

El Apartado Técnico: Cuando el Diablo Está en los Detalles

Si algo eleva El Pasajero Nocturno por encima de la media del terror moderno es su apartado técnico, un festín de texturas, sonidos y sombras que convierten la película en una experiencia casi sensorial. Empecemos por la fotografía, obra del italiano Federico Verardi, un maestro de la luz y la oscuridad que ya demostró su talento en The Autopsy of Jane Doe. Verardi convierte la noche en un personaje más, utilizando una paleta de colores fríos y desaturados que recuerdan al mejor Roger Deakins, pero con un toque de suciedad y realismo que le da a la película un aire casi documental. Los planos nocturnos, iluminados solo por los faros de los coches y las luces de las gasolineras, son pura poesía visual, y hay momentos en los que la fotografía logra transmitir más terror que cualquier diálogo o efecto especial.

El diseño de sonido es otro de los puntos fuertes de la película. Los responsables de este apartado, Paul Davies y Stuart Wilson, crean una banda sonora de ruidos ambientales que se clavan en el cerebro como agujas: el crujido de las hojas bajo los pies, el zumbido de los neones de una gasolinera, el sonido metálico de una puerta oxidada al abrirse. Todo está diseñado para ponerte los pelos de punta, y lo logran con una eficacia que asusta. La música, compuesta por Mark Korven (el mismo de The Witch y The Lighthouse), es minimalista pero efectiva, con esos violines estridentes y esos coros susurrantes que parecen sacados de una pesadilla de Jerry Goldsmith. Korven demuestra una vez más que no necesita orquestas grandilocuentes para crear tensión; a veces, un simple susurro o un golpe de arco son suficientes para helarte la sangre.

El montaje, a cargo de Patrick Larsgaard, es otro de los aciertos de la película. Larsgaard logra mantener un ritmo trepidante sin caer en la trampa de los cortes rápidos y los jumpscares fáciles. Hay secuencias, como la persecución en la gasolinera abandonada, que están montadas con una precisión quirúrgica, alternando planos largos y cortos para crear una sensación de caos controlado. Pero donde Larsgaard brilla de verdad es en los momentos de calma, esos planos secuencia en los que la cámara sigue a los personajes mientras exploran un escenario vacío, transmitiendo una sensación de soledad y desamparo que es pura magia cinematográfica.

El diseño de producción, obra de Eve Stewart (ganadora de un Oscar por Les Misérables), es otro de los puntos fuertes de la película. Stewart convierte cada escenario en un personaje más: la gasolinera abandonada, con sus paredes descascaradas y sus carteles de publicidad viejos, es un festín de detalles macabros; el coche de los protagonistas, con su interior claustrofóbico y sus asientos manchados de sudor, se convierte en una prisión móvil. Incluso los objetos más mundanos, como un walkie-talkie o un mapa de carretera, adquieren un significado casi ritualístico en manos de Stewart. Hay un momento en el que Lena encuentra un juguete abandonado en el suelo de una gasolinera que es, sin duda, uno de los detalles más inquietantes de la película. No es un monstruo, ni un fantasma, ni un psicópata: es un simple juguete, pero en el contexto de la película, se convierte en un símbolo de la inocencia perdida y el terror que acecha en lo cotidiano.

El guion, escrito por T. W. Burgess, es inteligente y bien estructurado, pero no está exento de problemas. Burgess demuestra un dominio absoluto del suspense, con giros inesperados y diálogos afilados que mantienen al espectador enganchado. Sin embargo, hay momentos en los que la película parece perderse en su propia ambición, especialmente en la segunda mitad, donde algunos giros argumentales caen en lo predecible. El mayor acierto del guion es su capacidad para convertir lo cotidiano en algo siniestro, pero su mayor fallo es la falta de desarrollo de algunos personajes secundarios, que acaban siendo poco más que clichés ambulantes. Aun así, hay escenas que demuestran el talento de Burgess, como ese monólogo del pasajero misterioso sobre un accidente de tráfico, que es puro terror psicológico.

Lo mejor

  • La fotografía de Federico Verardi: Un ejercicio de luz y sombra que convierte la noche en un personaje más, con una paleta de colores fríos y desaturados que recuerdan al mejor Roger Deakins, pero con un toque de suciedad y realismo que le da a la película un aire casi documental.
  • La actuación de David Dastmalchian: Un maestro del terror psicológico que logra transmitir una sensación de peligro constante con solo una mirada o un gesto. Su interpretación del pasajero misterioso es una obra maestra de la ambigüedad.
  • La dirección de André Øvredal: Un ejercicio de paciencia y tensión que demuestra que el terror no necesita jumpscares fáciles para funcionar. Øvredal convierte lo cotidiano en algo siniestro, y su uso de la iluminación y la fotografía es magistral.
  • El diseño de sonido: Una banda sonora de ruidos ambientales que se clavan en el cerebro como agujas, con una eficacia que asusta. Los responsables de este apartado logran transmitir más terror con un simple susurro que muchas películas con efectos especiales grandilocuentes.
  • La química entre Lou Llobell y Jacob Scipio: Una pareja creíble y vulnerable, que lucha por mantener la cordura en un mundo que se desmorona a su alrededor. Su química es tan palpable que casi puedes sentir el sudor frío de sus manos entrelazadas.

Lo peor

  • La falta de desarrollo de los personajes secundarios: Algunos personajes, como la camionera misteriosa o el policía local, acaban siendo poco más que clichés ambulantes, sin profundidad ni matices.
  • La predictibilidad de algunos giros argumentales: Aunque el guion es inteligente, hay momentos en los que la película cae en lo predecible, especialmente en la segunda mitad.
  • El ritmo desigual: La película empieza con una tensión asfixiante, pero en la segunda mitad el ritmo se resiente, y algunos momentos parecen alargados innecesariamente.
  • El diseño del monstruo final: Sin spoilers, pero digamos que el clímax de la película recurre a un diseño de criatura que parece sacado de un videojuego de los 90, rompiendo con la atmósfera realista que Øvredal había construido con tanto cuidado.
  • La falta de originalidad en algunos elementos: Aunque la premisa es fresca, hay momentos en los que la película recurre a tópicos del género, como el autoestopista misterioso o la gasolinera abandonada, que ya hemos visto mil veces.

El Veredicto de Claqueta Ácida

El Pasajero Nocturno no es una obra maestra del terror, pero es una de esas películas que demuestran que el género aún tiene vida más allá de los remakes y las secuelas interminables. Øvredal logra crear una atmósfera asfixiante, un viaje claustrofóbico por una carretera secundaria que se convierte en una pesadilla lovecraftiana. La fotografía, el diseño de sonido y las actuaciones son excelentes, y hay momentos de puro terror psicológico que se clavan en el cerebro como clavos oxidados. Sin embargo, la película no está exenta de problemas: un ritmo desigual, personajes secundarios poco desarrollados y un clímax que rompe con la atmósfera realista que tanto cuesta construir. Aun así, El Pasajero Nocturno es una película que merece la pena ver, especialmente si eres fan del terror atmosférico y de esas historias que te dejan con los nudillos blancos y el corazón en la garganta. Eso sí, si decides recoger a un autoestopista en medio de la noche, no digas que no te avisamos. 💀

🎬 Tráiler Oficial

💬 El Veredicto de la Comunidad

¿Qué te ha parecido la película? Deja tu nota de 0 a 10 para contrastarla con el análisis de la redacción.

Aún no has votado

Nota de Claqueta Ácida 7.5/10
Nota de la Comunidad --/10
0 votos

📢 ¿Te ha gustado el ácido?

Comparte esta crítica con tus amigos cinéfilos o desata la polémica en redes.

📩 📩 Recibe la dosis en tu bandeja

Únete a nuestra lista de correo semanal. Críticas honestas de cine, coberturas ácidas de festivales y recomendaciones de culto cada domingo por la mañana. Cero spam, puro celuloide.

🔒 Prometemos críticas venenosas semanales y cobertura exclusiva.

Autopsias recomendadas para cinéfilos exigentes.

Análisis de la película La autopsia de Jane Doe en Claqueta Ácida
🔥 Fusión Nuclear8.5
Perros Verdes

La autopsia de Jane Doe

André Øvredal encierra a Brian Cox y Emile Hirsch en una morgue subterránea para diseccionar el cadáver de una bruja medieval en un asfixiante thriller clínico.

PorDante SangreDirector:André Øvredal
Análisis de la película Bugonia en Claqueta Ácida
⚡ Ácido Cítrico7.5
Estrenos

Bugonia

Dos jóvenes convencidos de que una directora ejecutiva es un alienígena la secuestran. ¿Salvarán la Tierra?

PorMaximiliano Z.Director:Yorgos Lánthimos
Audiocrítica Ácida Listo para escuchar