Le Corbeau (El Cuervo) — La obra maestra que puso de acuerdo a nazis y comunistas para odiar a Clouzot
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Pocas películas en la historia del cine pueden presumir de haber sido prohibidas simultáneamente por las fuerzas de ocupación nazis, la Iglesia Católica y la resistencia comunista francesa tras la liberación. Henri-Georges Clouzot no solo lo consiguió en 1943 con Le Corbeau (El Cuervo), sino que de paso se ganó una inhabilitación militar perpetua para hacer cine (por suerte para la cinefilia, levantada dos años después). Rodar un thriller psicológico sobre cartas anónimas envenenadas y delación sistemática en plena Francia ocupada, financiado además por la productora alemana Continental Films, es la cumbre absoluta de la temeridad artística o del nihilismo más puro. En Claqueta Ácida solo podemos quitarnos el sombrero ante semejante despluegue de cinismo y mala leche.
Clouzot no filma una película de misterio; filma una autopsia social sin anestesia. La trama nos sitúa en un idílico y adormecido pueblo de provincias de la campiña francesa, donde la paz se rompe cuando un misterioso remitente apodado “El Cuervo” comienza a enviar cartas anónimas a diestro y siniestro, sacando a la luz los trapos más sucios, infidelidades, abortos secretos y corrupciones de todos los notables del lugar.
La histeria colectiva como deporte de provincias
El objetivo principal de las misivas es el doctor Germain (un Pierre Fresnay soberbio, con una rigidez moral que oculta un pasado tormentoso), un ginecólogo hosco y reservado al que el Cuervo acusa de practicar abortos clandestinos. Lo fascinante de la puesta en escena de Clouzot, apoyada en la sucia y expresiva fotografía de claroscuros de Nicolas Hayer, es cómo el misterio de la identidad del Cuervo pasa rápidamente a un segundo plano. Al director de Las diabólicas no le interesa el culpable, sino la facilidad con la que el tejido social de una comunidad respetable se desintegra ante la sospecha.
En apenas noventa minutos, el pueblo se transforma en un nido de víboras donde cada vecino se convierte en espía, juez y verdugo del de al lado. Clouzot satiriza con una crueldad exquisita la hipocresía de la burguesía provincial, las dinámicas de poder de los médicos y funcionarios del régimen, y esa mezquindad tan humana de disfrutar con la ruina ajena. La famosa escena de la lámpara columpio, donde el psiquiatra Vorzet (un enorme Pierre Larquey) discute la relatividad del bien y del mal mientras la luz oscila iluminando alternativamente las caras de los sospechosos, es una de las grandes cumbres formales de la historia del cine negro.
Ginette Leclerc y la sensualidad de la manzana podrida
Es imposible hablar de Le Corbeau sin destacar a la arrolladora Ginette Leclerc en el papel de Denise. Leclerc rompe todos los arquetipos femeninos del cine de la época. Denise es una mujer coja, hipersexualizada, rebelde y cínica que se burla abiertamente de la moral victoriana y del puritanismo que el régimen de Vichy intentaba imponer bajo el lema de “Trabajo, Familia, Patria”. Su relación con el doctor Germain es de un magnetismo retorcido y perverso, alejado de cualquier atisbo de romance hollywoodiense.
La ironía histórica de la película es insuperable: los alemanes pensaron que estaban financiando una obra que retrataba a los franceses como una panda de delatores histéricos y corruptos; y la resistencia francesa, tras la guerra, consideró que era propaganda anti-francesa y colaboracionista. Lo cierto es que Le Corbeau no era de derechas ni de izquierdas: era simplemente un espejo doloroso, gótico y sin filtros de la naturaleza humana en situaciones de crisis. Una joya negra de tensión insoportable que sigue cortando como un bisturí.
Lo mejor
- La dirección implacable, seca y precisa de un Henri-Georges Clouzot en estado de gracia nihilista.
- La escena del funeral, una coreografía de la sospecha y la paranoia rural sin parangón en el cine.
- La brutal interpretación de Ginette Leclerc, una femme fatale orgánica, coja y absolutamente inolvidable.
Lo peor
- Que la censura francesa posterior a la liberación privara al mundo de Clouzot durante dos largos años debido a interpretaciones políticas sesgadas.
- Alguna elipsis narrativa en el segundo acto que acelera la revelación de ciertas sospechas secundarias de forma abrupta.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Le Corbeau es un monumento al cine de suspense y una de las disecciones sociológicas más incómodas y perfectas jamás filmadas. Clouzot demuestra que el verdadero monstruo cinematográfico no es un vampiro ni un científico loco, sino tu vecino escribiendo a máquina con papel de calco y un sello de correos. Una obra maestra absoluta, cínica, negra como las plumas de su protagonista y radicalmente vigente en nuestra era de linchamientos digitales anónimos.