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Polémicas ⚠️ Ácido Sulfúrico

Madame Web — La telaraña de la desidia cinematográfica

S.J. Clarkson intenta tejer un thriller de superhéroes sin superhéroes, sin acción y con un guion que parece redactado por un generador automático de excusas baratas.

✍️ Por: Dante Sangre
🎬 Director: S.J. Clarkson
👥 Reparto: Dakota Johnson, Sydney Sweeney, Celeste O'Connor, Isabela Merced, Tahar Rahim, Adam Scott, Emma Roberts
⏱️ Lectura: 12 min
⚠️ Ácido Sulfúrico 1.2/10
Crítica y fotograma de la película Madame Web en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Madame Web

Madame Web (2024): El blockbuster que Sony te regala para que valores el silencio

En la noble redacción de Claqueta Ácida hemos visto desastres. Hemos sobrevivido a secuelas innecesarias que olían a desesperación (Ghostbusters: Afterlife), a reboots gélidos que congelaban hasta la esperanza (Fantastic Four de 2015), y a campañas de marketing que vendían humo radiactivo con la misma convicción con la que un estafador de teletienda vende crecepelos milagrosos (Morbius, The Marvels). Pero lo de Madame Web (2024) no es solo un tropiezo comercial; es un hito histórico de la desidia corporativa, un monumento al "por qué no" que Sony ha erigido con el presupuesto de un país pequeño y la ambición artística de un becario de Supervivientes. Es una película que no quiere estar ahí, protagonizada por una actriz que parece contar los segundos para despedir a su agente (y, de paso, a todo el equipo de guionistas), y dirigida con la pasión de quien rellena una declaración de la renta a las tres de la madrugada después de tres Red Bulls y un chute de resignación.


Un thriller psicológico de los 2000… si los 2000 hubieran sido dirigidos por un algoritmo de Netflix

Sony Pictures, en su infinita sabiduría, ha decidido que el futuro del universo cinematográfico arácnido no pasa por Spider-Man (que, seamos honestos, ya es como pedirle a un niño que no toque el pastel de cumpleaños), sino por exprimir los derechos de personajes secundarios hasta convertirlos en un puré irreconocible. Así, nos presentan a Madame Web, un thriller psicológico que parece sacado de un episodio piloto de Charmed escrito por alguien que solo ha visto The Matrix en un avión con el volumen bajo. La premisa es tan emocionante como un manual de instrucciones de IKEA: una paramédica con ataques de pánico ve tres segundos del futuro. Tres. Segundos. No es que pueda evitar desastres naturales o ganar la lotería, no; su gran poder es saber que va a tropezar con una baldosa suelta en el metro. Apasionante.

La trama nos presenta a Cassandra Webb (Dakota Johnson, en lo que solo puede describirse como un performance art sobre la indiferencia existencial), una paramédica de Manhattan que, tras un accidente clínico tan mal explicado que parece sacado de un episodio de House dirigido por un guionista en huelga, empieza a experimentar visiones. Pronto descubre que debe proteger a tres adolescentes —interpretadas por Sydney Sweeney, Celeste O'Connor e Isabela Merced— de un villano genérico llamado Ezekiel Sims (Tahar Rahim, cuyo doblaje en postproducción es tan espantoso que parece una mala parodia de Godzilla doblado al español por un robot con Parkinson). Ezekiel quiere matarlas porque, en un futuro indeterminado, ellas visten trajes de Spider-Man de saldo de Amazon y le dan una paliza. Sí, has leído bien: el gran conflicto de esta película es que un tipo con complejo de dios quiere evitar que tres chicas con leggings ajustados le den una somanta de palos dentro de veinte años. El Infinity War de los pobres.

El guion, perpetrado por los sospechosos habituales Matt Sazama y Burk Sharpless (los mismos cerebros detrás de esa "joya incomprendida" llamada Morbius y de Power Rangers, porque alguien en Sony tiene un fetiche por castigar al público), es una mina de oro de diálogos inverosímiles y exposición perezosa. La mítica frase promocional sobre la madre de Cassandra estudiando arañas en el Amazonas justo antes de morir se ha convertido en un meme de internet, y con razón: suena a excusa que un niño de diez años inventaría para justificar por qué su personaje de Dungeons & Dragons tiene superpoderes. "Mi madre era una científica que investigaba arañas en la selva, pero murió en un accidente misterioso… ¡y ahora yo veo el futuro!". ¿En serio, Sony? ¿Este es el lore que queréis vender como "mitología arácnida"?

La película avanza a trompicones, como un borracho en una discoteca de los 90, saltando de escenas en las que Dakota Johnson conduce ambulancias sin licencia (porque, claro, en Nueva York los paramédicos también hacen de taxistas) a secuencias en las que las tres adolescentes bailan sobre la mesa de un diner de carretera al ritmo de Britney Spears mientras el asesino las observa con cara de confusión, como si estuviera en un rave equivocado. La tensión brilla por su ausencia, y cuando por fin llega el clímax, este ocurre en un cartel publicitario de Pepsi que explota en cámara lenta, porque nada dice "epicidad" como una lata de refresco siendo destruida por el destino.


Estética de serie B y product placement del averno

Visualmente, Madame Web es un festival del horror plano, un crimen contra la fotografía que clama al cielo. Mauro Fiore, ganador del Óscar por Avatar (sí, ese mismo que hizo que la selva de Pandora pareciera un salvapantallas de Windows XP), firma aquí una dirección de fotografía tan insulsa, carente de textura o estilo, que parece sacada de un episodio piloto rechazado de The CW de hace dos décadas. Los colores son tan apagados que uno sospecha que la película fue rodada en modo "eco" de una cámara de 2005, y los encuadres son tan predecibles que podrían usarse como material didáctico en una escuela de cine para enseñar cómo no componer una toma.

La dirección de S.J. Clarkson (responsable de episodios de Jessica Jones y Succession, lo que explica por qué esta película parece un fanfic de Marvel escrito por alguien que odia los superhéroes) es un desfile de recursos desesperados: zooms repentinos que intentan inyectar tensión donde no la hay, planos holandeses absurdos que parecen sacados de un tutorial de YouTube, y cortes de montaje tan bruscos que uno sospecha que el editor se quedó dormido sobre el teclado. El tercer acto es particularmente ofensivo, con efectos digitales que parecen renderizados en un Commodore 64 y una persecución en los tejados de Nueva York que podría confundirse con un cutscene de un videojuego de Spider-Man de 2002.

Pero lo más trágico de Madame Web no es que sea mala —el cine está lleno de películas malas que, al menos, son divertidamente malas (Sharknado, The Room, Morbius)—, sino lo extraordinariamente aburrida que resulta. No hay acción, no hay química entre los personajes, no hay un villano memorable, no hay un solo momento que justifique los 116 minutos de metraje. Las dinámicas entre el reparto de jóvenes arañas se sienten forzadas y artificiales, como si alguien hubiera obligado a Sydney Sweeney, Celeste O'Connor e Isabela Merced a fingir que son amigas en un reality show de supervivencia. No hay carisma, no hay chispa, no hay nada.

Y luego está Tahar Rahim, un actor inmenso (The Serpent, The Mauritanian) reducido aquí a un hombre que corre en mallas de neopreno por los tejados de Nueva York gritando amenazas sin sentido. Su actuación es tan sobreactuada que parece un sketch de Saturday Night Live sobre cómo no interpretar a un villano de Marvel, y su doblaje al español es tan espantoso que uno sospecha que Sony lo subcontrató a una empresa de call centers de la India. Es el villano más genérico desde el tipo de la máscara de hockey de Friday the 13th, pero al menos Jason Voorhees tenía un machete y un trauma familiar. Ezekiel Sims solo tiene un complejo de dios y un traje que parece comprado en la sección de Halloween de AliExpress.


El product placement: cuando Pepsi se convierte en el verdadero villano

Si hay algo que Madame Web hace bien (o, al menos, con una obsesión enfermiza), es el product placement. La película está tan llena de marcas que uno sospecha que Sony vendió el alma al diablo a cambio de un cheque de Pepsi. Latas de refresco, carteles publicitarios, vallas en Times Square… Hay un momento en el que el villano se esconde detrás de un anuncio de Doritos, y uno no sabe si reír o llorar. Es como si Michael Bay y un ejecutivo de marketing hubieran tenido un hijo bastardo, y ese hijo fuera esta película.

El clímax, ambientado en un cartel de Pepsi que explota en cámara lenta, es tan ridículamente comercial que uno espera que, en cualquier momento, aparezca un logo de McDonald's y un personaje grite: "¡El futuro depende de un Happy Meal!". Es el equivalente cinematográfico a que te obliguen a ver un anuncio de 30 segundos cada vez que intentas disfrutar de una escena, y lo peor es que ni siquiera es sutil. Sony no se molesta en disfrazar su avaricia: esta película es un anuncio de 116 minutos con actores famosos.


Las actuaciones: cuando el aburrimiento se contagia

Dakota Johnson, una actriz que ha demostrado en películas como Suspiria (2018) que puede ser inquietante y fascinante, aquí parece una estatua de cera con problemas de ansiedad. Su interpretación es tan plana que uno sospecha que le pagaron por cada segundo que lograra no parpadear. No hay emoción, no hay intensidad, no hay nada que sugiera que Cassandra Webb es una mujer con poderes psíquicos y no una paciente de un psiquiátrico que ha dejado de tomar la medicación.

Sydney Sweeney, Celeste O'Connor e Isabela Merced lo intentan, pero están condenadas por un guion que las trata como estereotipos ambulantes. Sweeney es la "chica rebelde", O'Connor es la "nerd sarcástica" y Merced es la "luchadora latina" (porque, claro, en 2024 aún no hemos superado los clichés de los 90). Sus diálogos son tan artificiales que parecen sacados de un fanfic de Wattpad, y sus interacciones son tan forzadas que uno espera que, en cualquier momento, una de ellas diga: "¿Sabes qué? Esto es demasiado raro. Me voy a casa".

El único que sale medianamente airoso es Adam Scott, que interpreta a Ben Parker, el tío de Peter Parker. Su papel es tan inútil y forzado que parece un easter egg mal colocado, pero al menos Scott intenta insuflar algo de decencia y ternura a un personaje que existe únicamente para recordarnos que esta película es un spin-off de Spider-Man sin Spider-Man. Es como si Sony hubiera contratado a Scott para que dijera: "Eh, chicos, recordad que esto está conectado con algo que os importaba… aunque no sepamos cómo".


El sonido: una banda sonora que parece compuesta por un algoritmo de Spotify

La música de Madame Web, compuesta por Johan Söderqvist (responsable de la banda sonora de A Man Called Ove y The Guilty), es tan genérica y olvidable que uno sospecha que fue generada por una IA entrenada con playlists de "música para concentrarse". No hay temas memorables, no hay leitmotivs, no hay nada que eleve las escenas o las haga más emocionantes. Es el equivalente sonoro a pintar un cuadro con pintura invisible: no molesta, pero tampoco aporta nada.

El diseño de sonido es igualmente anodino. Los efectos de las visiones de Cassandra suenan como un filtro de Instagram aplicado a un sample de The X-Files, y los momentos de "acción" (si es que se les puede llamar así) carecen de impacto o dinamismo. Es como si la película hubiera sido mezclada por alguien que solo ha oído hablar de Dolby Atmos en un folleto.


Lo mejor

  • El tour promocional de Dakota Johnson: La honestidad brutal de la actriz en las entrevistas previas al estreno, admitiendo que no entendía la película y que su personaje "no tenía sentido", ha sido el mejor contenido de entretenimiento que ha generado esta producción. Ver a una estrella de Hollywood desmontar su propio proyecto con elegancia es un placer culpable que ni The Bachelor puede igualar.
  • Adam Scott como Ben Parker: Scott intenta, Dios sabe que lo intenta, insuflar algo de decencia y ternura a un papel que sirve únicamente como guiño innecesario y forzado a la mitología arácnida. Es el único momento en el que la película casi recuerda que, en algún universo paralelo, esto podría haber tenido algo que ver con Spider-Man.

Lo peor

  • El guion: Diálogos planos que suenan como traducciones automáticas de un borrador de fanfic, lagunas argumentales del tamaño del Amazonas (y no el de la madre de Cassandra, sino el de verdad) y una exposición técnica tan insufrible que uno espera que, en cualquier momento, aparezca un narrador omnisciente diciendo: "Y así, queridos espectadores, descubrimos que las arañas son importantes. Fin."
  • El villano: Tahar Rahim es un actor inmenso, pero aquí es reducido a un hombre que corre en mallas de neopreno por los tejados de Nueva York gritando amenazas sin sentido, como si fuera un extra de Power Rangers con problemas de ira. Su doblaje al español es tan espantoso que parece una parodia de un doblaje de los 80.
  • La publicidad descarada: La obsesión de la película por colocar carteles de Pepsi, latas en primer plano y vallas publicitarias supera los límites de lo tolerable. Es como si Sony hubiera vendido cada plano a una marca diferente, convirtiendo Madame Web en un anuncio de 116 minutos con actores famosos.

El Veredicto de Claqueta Ácida (1.2/10)

Madame Web (2024) es el equivalente cinematográfico a comprar una entrada para un concierto de tu banda favorita y pasar dos horas viendo al técnico afinar la guitarra mientras el cantante se queja de que no le gusta el catering. S.J. Clarkson nos promete un clímax que nunca llega, un villano que nunca da miedo y un universo arácnido que nunca conecta con nada que nos importe. Nos deja atrapados en una telaraña de diálogos bochornosos, giros sin sentido y product placement descarado, donde el mayor misterio no es quién sobrevivirá, sino por qué alguien pensó que esto merecía ser una película.

Si esto es el futuro del universo arácnido de Sony, preferimos que la picadura de araña nos provoque una necrosis fulminante antes que tener que sentarnos a ver una secuela. Madame Web no es solo mala; es un insulto a la inteligencia, un desperdicio de talento y un monumento a la avaricia corporativa. Una auténtica joya de la comedia involuntaria que pasará a la posteridad por todas las razones equivocadas, como ese familiar incómodo en la cena de Navidad que no sabe cuándo callarse y arruina la velada para todos. 1.2/10, y eso porque el sistema no permite puntuaciones negativas. 💀

🎬 Tráiler Oficial

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