Parásitos — La disección humorística más afilada de la lucha de clases
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En 2019, el realizador surcoreano Bong Joon-ho hizo historia al lograr que una comedia negra de suspense rodada en coreano sobre la brecha social de Seúl ganara de forma simultánea la Palma de Oro en Cannes y el Oscar a Mejor Película. Parásitos (Parasite) es un prodigio absoluto del cine moderno: un funambulismo cinematográfico impecable que cruza géneros con la agilidad de un atleta, partiendo del humor negro doméstico de enredos familiares para estallar de forma abrupta en un thriller de terror subterráneo y lucha de clases despiadada.
La historia nos presenta a la familia Kim, un humilde clan de cuatro integrantes desempleados que vive en un sucio y semi-subterráneo semisótano plagado de borrachos que orinan en su ventana. Tras conseguir el hijo mayor, Ki-woo, un empleo como tutor de inglés de la consentida hija de la adinerada familia Park (cuyo hogar es una impresionante mansión de diseño minimalista rodeada de césped impoluto), los Kim comienzan a diseñar un ingenioso y perverso plan de enredos y mentiras para suplantar sistemáticamente al servicio de la casa (chofer, ama de llaves y terapeuta artística). Pero los cimientos de la mansión ocultan un secreto literal y metafórico mucho más oscuro que pondrá fin a su farsa de forma trágica.
La arquitectura del olor y el sótano de la lucha de clases
Lo que eleva a Parásitos a nuestra sección de “perros verdes” es su soberbio diseño espacial y de producción. El director de fotografía, Hong Kyung-pyo, establece un contraste visual demoledor entre el semisótano húmedo, grisáceo e inundado de aguas fecales de los Kim y los encuadres limpios, luminosos y con luz cenital dorada del salón de diseño de los Park. La lucha de clases se narra a nivel arquitectónico mediante escaleras infinitas que descienden en la lluvia.
El olor se convierte en el disparador del conflicto definitivo. La insensible observación de los Park sobre el “olor a rábano viejo o a trapo hervido” que desprenden los Kim (el olor irreversible de la humedad del semisótano) simboliza la brecha social infranqueable que el capitalismo ha tallado en la sociedad. Cuando a mitad de metraje se revela que en el búnker subterráneo de la mansión habita otro huésped indeseado que rinde pleitesía al patriarca capitalista, el enredo cómico deviene en una de las secuencias de violencia e incomodidad social más viscerales de la historia del cine de autor.
Lo mejor
- La audacia del guion: La precisión con la que se transiciona del humor de estafadores ingeniosos al suspense asfixiante y de ahí a la tragedia violenta sin perder el norte.
- Song Kang-ho: Su interpretación del padre Kim transmite de forma contenida la humillación sorda del obrero ante el desprecio inconsciente del rico, estallando de forma brutal en el clímax.
- El diseño de producción de Lee Ha-jun: La mansión de los Park (construida desde cero en un set) es una obra de arte arquitectónica que vertebra y dota de sentido físico a todo el suspense de la película.
Lo peor
- Es tan milimétrica que roza la frialdad maquinal: La precisión de cada escena, montaje y metáfora visual es tan obvia y perfecta que puede sustraer cierta espontaneidad interpretativa.
- El destino trágico y cínico de los Kim: El final, aunque demoledoramente realista, puede inducir un sentimiento de derrota existencial inmenso en el espectador promedio.
El Veredicto de Claqueta Ácida
Parásitos es una obra maestra imperecedera que pasará a la historia como el análisis cinematográfico definitivo de las dinámicas del capitalismo tardío en el siglo XXI. Bong Joon-ho firma una joya indispensable de “perros verdes” que te hará reír a carcajadas de forma cómplice antes de asfixiarte con la certeza de que, al final del día, las inundaciones siempre bajan hacia los mismos semisótanos. Un festín cinéfilo de visión obligatoria.