🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Festivales

PUFA 2026 — Día 7: Noche de Terror y Locura

Un resumen de la segunda jornada del festival con películas como Horror and Love, Cuántica Rave, Pinocho está desquiciado y Frankie, Maniac Woman. Una noche llena de terror, locura y emociones fuertes.

✍️ Por: Odin Lagbert
⏱️ Lectura: 13 min
Crítica y fotograma de la película PUFA 2026 - Día 7 en Claqueta Ácida

🎬 16:15 – El pistoletazo de salida: Horror and Love

Lugar: FUNDOS | Nota: 6.8 💛

El festival arrancó con la sutileza de un martillazo en la sien, cortesía de Joaquín Oristrell, un director que parece haber confundido el terror con un thriller de sobremesa de Antena 3. Horror and Love es esa clase de película que cumple con el expediente mínimo para no ser expulsada del certamen: tiene un par de sustos bien colocados (como esos jump scares que funcionan igual de bien en el cine que en un vídeo de YouTube de "10 momentos más aterradores de TikTok"), una fotografía que no ofende a la vista (gracias, director de fotografía, por no quemar los ojos con un etalonaje estilo Instagram filter de 2016) y un reparto que, aunque no brilla, al menos no se avergüenza de sí mismo.

La trama, por llamarla de alguna manera, sigue a una pareja que decide pasar un fin de semana romántico en una cabaña en el bosque. Sí, habéis leído bien: cabaña en el bosque. El cliché más manoseado del género desde que el primer guionista de la historia escribió "bosque oscuro = peligro" en una servilleta de bar. Pero Oristrell, en un alarde de originalidad, decide que el verdadero horror no está en los árboles, sino en el pasado traumático de la protagonista, que, oh sorpresa, tiene que ver con un novio maltratador. Porque nada dice "terror fresco" como reciclar el argumento de El resplandor con un toque de Te doy mis ojos.


Clip Horror and Love
Clip Horror and Love

El problema no es que la película sea predecible (que lo es, hasta el punto de que podrías adivinar el final en los primeros cinco minutos), sino que su mayor virtud —la atmósfera— se desmorona como un castillo de naipes en cuanto los personajes abren la boca. Los diálogos son tan forzados que parecen sacados de un taller de escritura creativa para principiantes, donde el profesor les dijo: "Si no sabéis qué decir, poned un flashback o un monólogo sobre el amor y el miedo". Y así, entre flashbacks innecesarios y miradas intensas a cámara lenta, la película se arrastra hasta su clímax, que, como no podía ser de otra manera, es tan anticlimático como un chiste contado por un robot.

Eso sí, hay que reconocerle a Oristrell que sabe cómo montar una secuencia de tensión. Hay un momento en el que la protagonista camina por un pasillo oscuro mientras la cámara se acerca lentamente a su rostro, sudoroso y desencajado. Es el tipo de plano que funciona tan bien que hasta te olvidas de que, cinco minutos antes, la misma actriz estaba recitando un poema sobre la luna como si fuera una adolescente en un concurso de talentos. Pero, ay, la magia dura poco. En cuanto el villano (porque, por supuesto, hay un villano) aparece en escena, la película se convierte en un slasher de bajo presupuesto donde el asesino parece más interesado en filosofar sobre el amor que en cortar cabezas.

En definitiva, Horror and Love es como un menú del día en un restaurante de carretera: no te vas a morir de hambre, pero tampoco vas a recordar qué comiste al día siguiente. Cumple su función de "calentar motores", pero no esperéis que os deje con el cuerpo "perfecto y el chip festivalero activado" como si fuera una dosis de adrenalina pura. Más bien os dejará con la sensación de haber visto un episodio alargado de Cuéntame cómo pasó, pero con más sangre falsa y menos nostalgia.


🟠 18:00 – Sumersión en la locura: Cuántica Rave

Lugar: FUNDOS | Nota: 5.2 🟠

Si Horror and Love fue el aperitivo tibio, Cuántica Rave es el chupito de tequila barato que te tomas para olvidar que el aperitivo te dejó indiferente. Dirigida por Paco Campano, un cineasta que parece haber confundido el cine con un rave en un almacén abandonado de Berlín, esta película es el equivalente audiovisual a meter la cabeza en una lavadora en pleno ciclo de centrifugado: no sabes muy bien qué está pasando, pero estás seguro de que no es bueno para tu salud mental.

La premisa es tan delirante que cuesta resumirla sin sonar como un paciente de un psiquiátrico describiendo su última alucinación: un grupo de científicos (o quizá son artistas, o quizá son influencers de la deep web) descubre una fórmula cuántica que les permite entrar en un estado de conciencia alterada donde el tiempo, el espacio y la coherencia narrativa se desvanecen como azúcar en agua. Lo que sigue es una hora y media de imágenes psicodélicas, cuerpos retorciéndose en slow motion, luces de neón que parecen sacadas de un videoclip de The Weeknd y una banda sonora que oscila entre el techno industrial y el ambient de un ascensor en un hotel de lujo.


Clip Cuántica Rave
Clip Cuántica Rave

Visualmente, la película es un espectáculo. No hay duda de que Campano sabe cómo manejar una cámara y cómo jugar con la luz y el color para crear imágenes hipnóticas. Hay secuencias enteras que parecen pinturas de Zdzisław Beksiński animadas por un equipo de diseñadores gráficos con sobredosis de café. El problema es que, más allá de lo estético, no hay absolutamente nada que sostenga la película. No hay trama (o, si la hay, está tan enterrada bajo capas de simbolismo barato que ni el más avispado de los espectadores podría desenterrarla), no hay personajes (solo arquetipos vagos que van de "el científico loco" a "la chica que baila como si estuviera poseída por el demonio de la rave"), y no hay coherencia (una escena puede pasar de un diálogo filosófico sobre la naturaleza del universo a un close-up de un ojo llorando sangre sin previo aviso).

Es el tipo de película que solo tiene sentido en el contexto de un festival como este, donde el público está dispuesto a tragarse cualquier cosa con tal de sentir que está viviendo una experiencia underground. Pero fuera de ese entorno, Cuántica Rave es como un cuadro abstracto colgado en la pared de un baño público: puede que alguien lo encuentre profundo, pero la mayoría solo verá un manchón sin sentido.

Dicho esto, hay que reconocer que el 5.2 que le otorga el público es, si acaso, generoso. Es una película que se queda en el aprobado raspado porque, al menos, no te aburre. Te confunde, te irrita, te deja con dolor de cabeza, pero no te aburre. Y en el mundo del cine de festival, eso ya es algo.


🍿 22:00 – Maratón Nocturna en los Cines Broadway (Sala 5): Donde los sueños se convierten en pesadillas (y viceversa)

Llegó la hora de la verdad. Después de un descanso estratégico (y de un par de cafés cargados para mantener los párpados abiertos), el festival nos obsequió con una doble sesión que prometía "forjar leyendas". Spoiler: solo una de las dos películas cumplió con esa promesa. La otra fue un recordatorio doloroso de que el infierno está pavimentado con buenas intenciones (y con budgets ajustados).

#### La Decepción: Pinocho está desquiciado (Pinocchio Unstrung)
Nota: 3.8 🔴

¡Ay, Pinocho! El muñeco de madera que ha inspirado desde obras maestras del cine de animación hasta adaptaciones tan infames que hacen que El ataque de los tomates asesinos parezca El padrino. Y ahora, en un alarde de originalidad sin límites, el director Rhys Frake-Waterfield (un nombre que suena más a villano de James Bond que a cineasta) nos trae Pinocchio Unstrung, una película que parece concebida durante una noche de borrachera en la que alguien gritó: "¡Y si Pinocho fuera un asesino en serie!".

La premisa, en teoría, tiene potencial. Imaginaos al clásico personaje de Collodi, pero en lugar de querer ser un niño de verdad, su mayor deseo es convertirse en un serial killer de cuento de hadas. Suena divertido, ¿verdad? Pues no. Porque lo que podría haber sido una sátira macabra o una comedia negra se queda en un slasher cutre, mal actuado y peor ejecutado, donde Pinocho (interpretado por un actor que parece estar compitiendo en un concurso de "¿Quién puede mantener la cara más seria mientras apuñala a alguien?") se dedica a matar a diestro y siniestro con una sonrisa de oreja a oreja y la gracia de un maniquí de Primark.


Clip Pinocchio Unstrung
Clip Pinocchio Unstrung

El mayor problema de Pinocchio Unstrung no es su falta de presupuesto (aunque se nota, y mucho), ni siquiera su guion, que parece escrito por alguien que solo ha visto Saw una vez y de refilón. El verdadero pecado de esta película es su absoluta falta de personalidad. No es lo suficientemente gore como para satisfacer a los fans del terror extremo, ni lo suficientemente inteligente como para funcionar como sátira, ni lo suficientemente divertida como para ser una comedia. Es como un plato de comida sin sal, sin especias y sin amor: puedes tragártelo, pero no vas a disfrutarlo.

Y luego está el tema de los efectos especiales. Oh, los efectos especiales. En una película donde el protagonista es un muñeco de madera que cobra vida, uno esperaría que al menos los practical effects estuvieran a la altura. Pero no. Aquí, Pinocho parece más un maniquí de Halloween que un ser vivo, y sus movimientos son tan rígidos que en más de una ocasión te preguntarás si el actor no se habrá quedado dormido en medio de una escena. Los asesinatos, por su parte, son tan poco creativos que parecen sacados de un tutorial de YouTube de "Cómo hacer efectos de sangre caseros". Hay un momento en el que Pinocho clava unas tijeras en el ojo de una víctima, y la sangre que sale parece kétchup diluido en agua. Es tan patético que duele.

Pero lo peor de todo es la sensación de oportunidad perdida. Porque, repito, la premisa tenía potencial. ¿Qué tal si, en lugar de un slasher genérico, hubiéramos tenido una reflexión oscura sobre la identidad, la humanidad y los peligros de desear ser algo que no eres? ¿O una comedia negra sobre los cuentos de hadas y su lado más siniestro? En manos de un director con un poco más de ambición (y un guionista que supiera lo que es un plot twist), Pinocchio Unstrung podría haber sido algo memorable. En cambio, nos quedamos con una película que parece hecha por alguien que solo quería ver a un muñeco de madera apuñalando gente, y que no se molestó en darle ningún tipo de profundidad o estilo.

El 3.8 que le otorga el público es, sin duda, un acto de caridad. O quizá sea el resultado de que, después de ver esta película, los espectadores estaban tan aturdidos que no eran capaces de pensar con claridad. En cualquier caso, Pinocchio Unstrung es la prueba definitiva de que no todo lo que parece una buena idea en una servilleta de bar merece ser llevado al cine.


#### El Subidón: Frankie, Maniac Woman
Nota: 8.5 🟢

Y entonces, como si el universo cinematográfico hubiera decidido compensarnos por el suplicio anterior, llegó Frankie, Maniac Woman, la película que no solo salvó la noche, sino que nos recordó por qué seguimos yendo a festivales de cine: para descubrir joyas que nos dejen sin aliento, con los ojos como platos y la mente dando vueltas como una peonza.

Dirigida por Pierre Tsigaridis, un cineasta que parece haber nacido con una cámara en la mano y un storyboard en la cabeza, Frankie, Maniac Woman es una obra maestra del gore psicótico, una montaña rusa de violencia estilizada, surrealismo y humor negro que te deja exhausto, eufórico y con ganas de más. Es como si David Lynch y Quentin Tarantino hubieran tenido un hijo bastardo con Dario Argento, y ese hijo hubiera crecido obsesionado con los exploitation films de los 70 y los body horror de Cronenberg.

La trama, por llamarla de alguna manera, sigue a Frankie (interpretada por una actriz cuyo nombre deberíamos tallar en mármol), una mujer que despierta en un hospital psiquiátrico sin recordar cómo llegó allí. Lo que sigue es un viaje alucinante a través de su mente fracturada, donde la realidad y la fantasía se mezclan de manera tan orgánica que en más de una ocasión te preguntarás si lo que estás viendo es un sueño, una alucinación o simplemente el resultado de haber tomado demasiado LSD. Hay escenas en las que Frankie interactúa con versiones distorsionadas de sí misma, otras en las que el hospital se convierte en un laberinto infinito de pasillos oscuros, y momentos en los que la violencia estalla de manera tan repentina y brutal que te deja sin aliento.


Clip Frankie, Maniac Woman
Clip Frankie, Maniac Woman

Pero lo que realmente hace grande a Frankie, Maniac Woman no es su trama (que, en el fondo, es bastante simple), sino su ejecución. Tsigaridis demuestra un dominio absoluto del lenguaje cinematográfico: cada plano está cuidadosamente compuesto, cada movimiento de cámara está calculado para generar tensión o incomodidad, y cada transición entre escenas es tan fluida que parece magia. La fotografía, a cargo de un equipo que claramente sabe lo que hace, juega con los claroscuros y los colores saturados para crear una atmósfera que oscila entre lo onírico y lo claustrofóbico. Y la banda sonora, una mezcla de synthwave oscuro y sonidos industriales, acompaña a la perfección el tono de la película, añadiendo una capa extra de locura a todo lo que ocurre en pantalla.

Y luego están las actuaciones. Oh, las actuaciones. Frankie es interpretada por una actriz (cuyo nombre, insisto, merece ser recordado) que logra transmitir una gama increíble de emociones con solo una mirada. Hay momentos en los que su rostro es un lienzo de dolor, confusión y rabia, y otros en los que parece estar disfrutando de la locura como si fuera una fiesta. Los actores secundarios tampoco se quedan atrás: desde el médico siniestro que parece sacado de una pesadilla hasta los pacientes del hospital, cada personaje está tan bien definido que, aunque la película no tenga un argumento tradicional, nunca te sientes perdido.

Pero si hay algo que eleva Frankie, Maniac Woman por encima de otras películas del género es su capacidad para equilibrar el horror con el humor. Hay escenas tan absurdas y exageradas que no puedes evitar reírte, como cuando Frankie se enfrenta a una versión gigante de sí misma armada con un cuchillo de cocina, o cuando un paciente del hospital empieza a recitar poesía mientras le arrancan los ojos. Es el tipo de humor negro que solo funciona si la película se lo toma en serio, y Tsigaridis lo hace a la perfección.

En definitiva, Frankie, Maniac Woman es una de esas películas que te dejan con la sensación de haber vivido una experiencia única. No es perfecta (hay momentos en los que la narrativa se vuelve un poco confusa, y algunos gags pueden resultar demasiado extremos para ciertos espectadores), pero es tan audaz, tan original y tan bien ejecutada que esas pequeñas fallas se perdonan sin problema. Es el tipo de película que hace que valga la pena aguantar horas de cola, noches de insomnio y películas infumables como Pinocchio Unstrung. Es cine en estado puro: caótico, visceral, hermoso y aterrador.


Lo mejor

Frankie, Maniac Woman: Una obra maestra del gore* psicótico que te deja con la sensación de haber sobrevivido a un viaje en montaña rusa sin cinturón de seguridad. Tsigaridis demuestra que el cine de terror aún puede ser innovador, impactante y profundamente personal. La resistencia del público: Que nadie se queje de la maratón nocturna después de ver Pinocchio Unstrung* y seguir en pie. Eso sí que es espíritu festivalero.

Lo peor

*Pinocchio Unstr

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