The Devil's Candy — El lienzo de Satanás pintado con riffs de heavy metal
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Tuvieron que pasar seis años para que el director australiano Sean Byrne nos regalara su segundo largometraje, y la espera valió cada maldito segundo. Trasladándose a los páramos polvorientos de Texas, Byrne factura con The Devil’s Candy una posesión demoníaca a ritmo de riffs distorsionados, desmarcándose por completo de las manidas fórmulas eclesiásticas de crucifijos y agua bendita. Aquí, el diablo no busca una niña inocente para hacer girar su cabeza; prefiere tentar a un pintor de heavy metal con la promesa del arte supremo a cambio de la condenación de su propia familia.
El arte como antena del infierno
La historia sigue a Jesse (Ethan Embry), un artista contracultural y devoto metalero que se muda junto a su esposa Astrid (Shiri Appleby) y su hija Zooey (Kiara Glasco) a una espaciosa casa de campo cuyo bajísimo precio oculta un pasado teñido de sangre. Pronto, Jesse empieza a experimentar trances creativos donde una extraña voz de ultratumba (que parece sonar en una frecuencia de bajo subsónica) le dicta oscuros y espeluznantes murales. Paralelamente, Ray Smilie (Pruitt Taylor Vince), el perturbado anterior inquilino de la casa, merodea el lugar empujado por esas mismas voces que le exigen “ofrendas de caramelos” para saciar al maligno.
Lo que hace fascinante a la película es cómo Byrne conceptualiza el mal. Aquí, el metal no es una mera decoración, sino el motor metafísico del horror. Las canciones de Metallica, Slayer, Sunn O))) o Queens of the Stone Age no suenan para motivar al espectador, sino para ilustrar el ruido ensordecedor que Jesse intenta acallar en su cabeza. Sean Byrne convierte la pintura sobre lienzo en un acto de comunión satánica, donde los trazos del pincel se transforman en una profecía de sangre. La atmósfera construida por el director de fotografía Simon Chapman vuelve a ser clave: una mezcla de claroscuros opresivos y rojos saturados que envuelven el taller artístico como si fuera una antesala del averno.
Por su parte, Pruitt Taylor Vince compone un monstruo humano colosal y desolador, un antagonista gigantesco vestido con un chándal raído que toca guitarras voladoras invisibles para apagar las voces del diablo. Su mirada temblorosa transmite tanto peligro como una inmensa y patética tristeza. Cuando su camino se cruza con el de la hija adolescente de Jesse, la película muta en un thriller de invasión doméstica impregnado de misticismo trágico, donde Jesse deberá elegir entre su ambición creativa y la vida de quienes más ama.
El metraje avanza a un ritmo endiablado de apenas ochenta minutos que no conceden un solo momento de respiro. En su tramo final, la sutileza se arroja por la ventana para sumergirnos en un clímax final que es, literalmente, un lienzo pintado con fuego y sangre. Es un desenlace de una fuerza visual e iconográfica apabullante, donde el terror más físico y el suspense sobrenatural se dan la mano en una de las batallas más intensas del cine de terror contemporáneo. Byrne demuestra que el heavy metal y el cine satánico nacieron para estar juntos, y nos regala una sinfonía perturbadora que resuena en la cabeza del espectador mucho después de que se apaguen las luces del cine.
Lo mejor
- La soberbia transformación física e interpretativa de Ethan Embry.
- Una excelente banda sonora que integra el metal extremo (Sunn O))) a la perfección en la narrativa de horror.
- Pruitt Taylor Vince crea un villano patético a la par que profundamente terrorífico.
Lo peor
- Su escasa duración puede hacer que algunas subtramas y personajes secundarios queden poco desarrollados.
- El desenlace bordea la exageración fantástica, lo que podría descolocar a quienes prefieren el terror más sobrio.
El Veredicto de Claqueta Ácida
The Devil’s Candy es una salvajada audiovisual vibrante, ruidosa y visualmente magnética. Sean Byrne confirma su estatus de realizador de culto entregando una película satánica sin sotanas, donde la pintura y las guitarras distorsionadas son los verdaderos portales al abismo. Preparen sus cuernos y déjense poseer. 🎸🔥🩸