🎬 CLAQUETA ÁCIDA
Festivales ⚡ Ácido Cítrico

Went Up the Hill — El thriller que subió la colina para caer rodando como un barril de clichés

Un misterio australiano con más agujeros que un queso gruyère y menos tensión que un capítulo de telenovela. Claqueta Ácida disecciona este fiasco de suspense con bisturí y sarcasmo.

✍️ Por: Lúa Ácida
🎬 Director: Samuel Van Grinsven
👥 Reparto: Dacre Montgomery, Vicky Krieps, Sarah Peirse, Arlo Green, Ally Xue, Finlay Grey
⏱️ Lectura: 7 min
⚡ Ácido Cítrico 5/10
Crítica y fotograma de la película Went Up the Hill en Claqueta Ácida
Póster y cartel oficial de la película Went Up the Hill

Went Up the Hill: El duelo como posesión gótica

El cine de misterio oceánico tiene una tradición tan gloriosa como irregular: desde los paisajes desolados de Peter Weir en Picnic at Hanging Rock hasta los suburbios claustrofóbicos de The Babadook, la región ha sabido explotar su geografía como un personaje más. Pero Samuel Van Grinsven, un director que hasta ahora solo había firmado la estilizada Sequin in a Blue Room, parece haber apostado todo a la «atmósfera» en Went Up the Hill. Producida por Causeway Films —una productora que ha demostrado creer en el terror psicológico más puro—, esta película llega como un recordatorio de que el cine indie de género está más vivo que nunca. Que nadie espere aquí el pulso comercial de The Invisible Man (2020) sino más bien la densidad psicológica de The Nightingale (2018). Esto es, en el mejor de los casos, un relato gótico moderno filmado con un gran respeto por el suspense y la ambición de un drama de cámara en la Isla Sur de Nueva Zelanda.

La premisa es un soplo de aire fresco para el género: Jack viaja a los remotos parajes de Nueva Zelanda para asistir al funeral de su madre biológica, quien lo abandonó de niño, solo para encontrarse con Jill, la viuda de su madre. La colina del título, un promontorio rocoso que domina el paisaje invernal, se convierte en el epicentro de un fenómeno sobrenatural que tensa los nervios del espectador: el fantasma de la difunta posee alternativamente los cuerpos de su hijo y de su viuda, usándolos para comunicarse. Aquí es donde Van Grinsven acierta: convierte el «misterio» en un hipnótico juego donde los personajes hablan en círculos emocionales que cortan como el hielo. Hay aquí rastro de la economía narrativa de un David Fincher y la capacidad de Karyn Kusama para convertir un espacio cerrado en un polvorín emocional. Lo que tenemos es un guion milimetrado, con diálogos que oscilan entre lo bellamente poético y lo irritantemente incómodo. Si esto es lo mejor que puede ofrecer el cine oceánico reciente, entonces el país va por el camino correcto en su exportación cultural.

El reparto, encabezado por Dacre Montgomery —un actor que aquí demuestra una capacidad inaudita para quebrar su fachada de galán—, brilla con un material complejo. Montgomery, conocido por su papel en Stranger Things, aquí interpreta a un hijo roto por el abandono y el duelo, alejándose de cualquier cliché de terror comercial. A su lado, Vicky Krieps —quien siempre recibe el memo de cómo elevar una película— infunde una vida dolorosa a su personaje, la viuda atrapada entre el luto y la posesión. Ella no choca contra ningún muro de mediocridad; al contrario, abraza un guion que le exige transitar por trances corporales perturbadores. El resto del elenco, incluyendo a Sarah Peirse y Arlo Green, actúan con una sobriedad aplastante, logrando una química tan tensa que incomoda al espectador a través de la cámara.

Pero si hay algo que realmente eleva a Went Up the Hill es su capacidad para generar tensión psicológica. En una escena clave, los personajes se enfrentan cuerpo a cuerpo mientras el espíritu muta de uno a otro, un recurso tan arriesgado que hasta M. Night Shyamalan habría aplaudido por su ejecución. La fotografía de Tyson Perkins, que aprovecha los paisajes neozelandeses para crear una atmósfera opresiva, se limita a encuadrar árboles pelados y rocas brumosas con una belleza desoladora. Hay aquí rastro del trabajo de Adam Arkapaw en True Detective y la crudeza visual de The Rover (2014). Lo que tenemos es un festival de planos generales que se sienten como un documental sobre el aislamiento humano, con una paleta de colores tan apagada que encaja a la perfección con el tono sombrío de la historia. El montaje, por su parte, es tan pausado que reta al espectador a sostenerle la mirada al dolor de los protagonistas.

La dirección: Un ejercicio de estilo con sustancia

Samuel Van Grinsven parece haber estudiado el manual de Cómo hacer un thriller psicológico en su versión más autoral. Su dirección es tan gélida como un paisaje de Otago en invierno, con un pulso narrativo firme y una gran capacidad para generar suspense a través del silencio. Cada escena parece filmada con una intensidad calculada: ya sea un momento de posesión extrema o una conversación incómoda sobre el pasado, el tono es siempre riguroso, demostrando que el director maneja la atmósfera como una forma de arte. Hay aquí rastro de la meticulosidad de Denis Villeneuve y la capacidad de Ari Aster para convertir los traumas familiares en algo perturbador.

El guion, escrito también por Van Grinsven, es uno de los grandes pilares de la película. Los diálogos están pensados para doler, con frases que buscan la trascendencia y la encuentran en la desesperación de sus personajes. Estos son arquetipos deconstruidos: el hijo abandonado y la viuda solitaria. Hay aquí rastro de la complejidad de los personajes de Prisoners (2013) y la ambigüedad moral de Gone Girl (2014). Lo que tenemos es un guion que entiende perfectamente cómo funciona el duelo y lo retuerce a través de lo fantástico.

Las actuaciones: Un reparto imponente en la bruma

Si hay algo que consagra a Went Up the Hill son las actuaciones. Dacre Montgomery hace milagros con su personaje, entregando una interpretación física y multidimensional que sorprenderá a quienes solo lo conocían por la televisión. Vicky Krieps, por su parte, es magnética, logrando transmitir una humanidad y una desesperación desgarradoras cuando el guion le exige convertirse en el recipiente de la mujer que amó. El resto del reparto, incluyendo a Sarah Peirse y Arlo Green, complementa el drama de cámara con una sobriedad impecable, aportando una química tensa que se cocina a fuego lento.

El apartado técnico: Una atmósfera impecable

El aspecto técnico de Went Up the Hill es notable. La fotografía de Tyson Perkins logra aprovechar los sobrecogedores paisajes de Nueva Zelanda para crear una atmósfera opresiva de aislamiento absoluto. El montaje, por su parte, sostiene los planos para escarbar en la incomodidad de la situación. La banda sonora, compuesta por Jed Palmer, es otro de los puntos fuertes de la película: en lugar de ser música genérica, complementa la tensión con acordes disonantes y sonidos ambientales que se meten bajo la piel. El diseño de sonido es tan rico que el crujido del viento en la colina se convierte en la voz misma de la madre ausente.

Lo mejor

  • Interpretaciones sobresalientes: Las interpretaciones de Dacre Montgomery y Vicky Krieps: El duelo actoral y físico que sostienen durante las posesiones cruzadas es lo mejor de la función.
  • Premisa innovadora: La premisa original: Usar el concepto de la posesión no para un exorcismo típico, sino como una metáfora física, gótica y radical sobre el duelo familiar.
  • Fotografía desoladora: La fotografía de Tyson Perkins: Captura de forma bellísima y desoladora el invierno de la Isla Sur de Nueva Zelanda, convirtiéndolo en un personaje opresivo.

Lo peor

Ritmo desesperante: El ritmo hiperpausado: Su ritmo de slow-burner* puede desesperar a los espectadores que busquen un cine de terror más convencional o comercial.


  • Solemnidad excesiva: Excesiva solemnidad: A veces la película se toma tan en serio a sí misma que se echa en falta un poco de ligereza en su tramo intermedio.

  • Resolución ambigua: La resolución de ciertos hilos: El tramo final prioriza lo metafórico sobre las respuestas claras, lo que dejará a una parte del público insatisfecha.

El Veredicto de Claqueta Ácida

Went Up the Hill es el tipo de película que te reconcilia con el cine de terror psicológico contemporáneo. Con un guion que aborda el dolor con una madurez inusual, unas actuaciones que rozan lo físico y lo visceral, y una dirección que maneja la atmósfera con mano de hierro, esta película es un recordatorio de que el cine indie de género está muy despierto. Si lo que buscas es un thriller sobrenatural comercial con sustos fáciles, mejor quédate en casa; pero si buscas una experiencia gótica, perturbadora y profundamente humana, sube a esta colina. El misterio tardará en abandonarte. 💀

🎬 Tráiler Oficial

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